Walter Cunningham, astronauta del Apolo 7: "El programa Apolo fue destinado para derrotar a los rusos"

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Donn Eisele, Walter Schirra y Walter Cunningham, en septiembre de 1968 en Cabo Cañaveral.

El astronauta tuvo la compleja misión de poner en marcha el programa lunar de la NASA, después de que el módulo del Apolo 1 se incendiaria en 1967. "El Apolo fue un logro maravilloso", dice a La Tercera.




Walter Cunningham pudo haber muerto antes de graduarse como astronauta. El 27 de enero de 1967 el módulo del Apolo 1 estaba a minutos de despegar cuando un incendio quemó vivos a los tres tripulantes de la primera misión exploratoria para llevar al hombre a la Luna. "¡Tenemos un incendio en la cabina!", gritó Ed White, quien dos años antes se había convertido en el primer estadounidense en realizar una caminata espacial. "¡Me estoy quemando!", fue lo último que se escuchó desde la cabina, donde también estaban otros dos pesos pesados de la NASA: Virgil "Gus" Grissom, veterano de los proyectos Gemini y Mercury, y el escogido para pisar por primera vez la superficie lunar, y Roger Chaffee, piloto con 83 misiones en el espacio aéreo cubano en la época de la Crisis de los Misiles. En cuestión de segundos, el Apolo 1 se transformó en una tragedia.

El accidente significó así el más duro golpe para la NASA, que en ese momento era un eslabón clave de la Guerra Fría, en medio de la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En ese entonces, Moscú llevaba la delantera, ya que en abril de 1961 había logrado poner al primer hombre en el espacio: Yuri Gagarin.

Tuvieron que pasar largos meses para que la NASA se repusiera del golpe. "Estábamos tratando de que el Apolo 1 funcionara, cuando el equipo murió por el incendio en la plataforma. Una semana después de eso, heredamos la primera misión del Apolo y se le cambió el nombre a Apolo 7. Nos demoramos 21 meses para arreglar la nave espacial luego del incendio y así poner en marcha nuevamente la misión. Cincuenta años después, el Apolo 7 sigue siendo la misión más larga, la más ambiciosa, la más exitosa y la primera prueba de manejo de cualquier máquina nueva", cuenta Cunningham a La Tercera al teléfono desde su casa en Texas.

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La cápsula incendiada del Apolo 1.[/caption]

Cunningham, hoy de 87 años, es toda una leyenda en su país. Antes de viajar al espacio acumuló más de 4.500 horas de vuelo, la mayoría como piloto en Corea en los años 50. Y en el Apolo 7 fue el piloto del módulo lunar. Años más tarde publicó el libro The All-American Boys, sobre el programa espacial de su país.

En plena Guerra Fría, ¿la Luna se transformó en una suerte de botín para las grandes potencias?

No hay duda que implicaba muchos premios, pero no creo que hayamos estado preocupados de eso. No hicimos esto para conseguir el gran premio de la Guerra Fría. Eso sí, lo hicimos como una forma, en parte, para poner a los rusos donde pensábamos que deberían estar en relación con nosotros en ese tiempo. Eso podría estar relacionado con la Guerra Fría y, si era así, no hay duda que fue un gran logro en ese momento.

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Walter Cunningham, en la misión Apolo 7.[/caption]

¿El Apolo 7 fue un golpe para la Unión Soviética?

No hay duda que el programa Apolo fue un logro maravilloso. El hombre llegando a la Luna va a ser un hito único cuando se mire la historia en retrospectiva. No sé lo que estaba ocurriendo en la URSS en ese momento, pero el programa por supuesto fue destinado para derrotar a los rusos (aunque), eso no era lo más mencionado públicamente.

En octubre de 1968, un año antes de que Neil Armstrong pisara por primera vez la Luna, usted estuvo 11 días en el espacio con el Apolo 7. ¿Qué es lo primero que recuerda de esa misión?

Nuestra misión fue extremadamente importante, porque fue la más larga y la más ambiciosa.

¿Un hombre o una mujer volverán a la Luna pronto?

Es una buena pregunta. Lo que puedo decir es que la sociedad está cambiando, evolucionando. Yo soy un anticuado y creo que la persona que vaya a la Luna tiene que ser la mejor. No me importa si es una mujer o un hombre, pero tenemos que llegar al punto en que las personas se enfoquen en ser lo mejor que puedan en cualquier trabajo; no ser socialmente igualitario en todo.

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