El solitario control de la crisis en Putre y Tierra del Fuego

Una de las cosas que costó en el altiplano es que los residentes usaran mascarilla.

La Brigada N° 24 “Huamachuco” y el Destacamento Motorizado Nº 11 “Caupolicán” son las unidades más remotas del Ejército.




No es fácil moverse en los 3.520 metros sobre el nivel del mar que hay en Putre, Región de Arica y Parinacota. Para nadie, incluso para los habitantes ya acostumbrados al rigor de la altura. Así que todos le hicieron el quite a la mascarilla, al menos en un principio. “Fue cuando comenzaron los contagios que los habitantes se dieron cuenta de la importancia del tema”, dice el teniente coronel Rodrigo González, de la Brigada Reforzada N°24 “Huamachuco”, del Ejército, con asiento en esa comuna.

Se trata de la unidad más remota de la institución castrense por el lado norte. Hacia el sur, su símil es el Destacamento Motorizado Nº 11 “Caupolicán”, la más austral del territorio continental. Dos realidades culturales y climáticas muy distintas, pero que en la pandemia las une un escenario similar de patrullaje y fiscalización en parajes solitarios, con chilenos por cuidar.

A 140 km de Arica, la Brigada “Huamachuco” es piedra esencial de la operación “Jarkaña”, concebida para ejercer soberanía efectiva sobre un territorio expuesto al contrabando y narcotráfico.

“Además de las tareas disuasivas habituales, hemos efectuado controles sanitarios en todas las rutas hacia Arica”, explica González.

Por aquí hay solo dos Cesfam. Las temperaturas van de 15 grados (durante un par de horas solamente) a -17 °C. Y nadie va a su “segunda casa”. Los viajes de los lugareños de Putre, donde viven 1.400 personas, a la ciudad son en camionetas destartaladas -que los militares a veces hasta tienen que ayudar a empujar- o con animales para vender. “La gente es muy amable. Recibieron felices las cajas del gobierno y las ayudas del municipio. Y el toque de queda no es tema, por la temperatura y la falta de luz, a las 19.00 ya están todos en sus casas”, dice González.

Los patrullajes en los camiones Unimog 4.000 a veces duran 10 horas y se hacen en Contomasa, Cosapilla, Chujlluta y una serie de localidades sobre los 4 mil metros, para lo cual incluso se utilizan visores nocturnos y de calor.

Al otro extremo del país, el Destacamento Motorizado Nº 11 “Caupolicán” existe desde hace 51 años en la Isla Grande de Tierra del Fuego, Región de Magallanes. Esta provincia cuenta con tres comunas: Porvenir (7 mil habitantes), Primavera (1.200) y Timaukel (400). A la fecha no hay contagios activos de Covid-19.

“La gente sale poco, oscurece temprano y se ha respetado mucho el toque de queda”, cuenta el coronel Raúl Faúndez, a cargo de la unidad. “Siempre hay algunos porfiados, hemos detenido a cerca de 70 personas desde marzo, pero por ejemplo el uso de la mascarilla fue inmediato”, reseña el oficial.

Aquí los habitantes utilizan una barcaza que cruza a Punta Arenas por dos Puertos: Bahía Chilota y Bahía Azul. Allí están desplegados los cordones sanitarios, en las rutas I-65 e I-71. A veces pasa un vehículo cada varias horas, pero el control debe estar.

Otro tema es el flujo de extranjeros. En el límite fronterizo están las ciudades argentinas de Río Grande y Ushuaia, las cuales son abastecidas principalmente mediante insumos chilenos que transitan a través de Tierra del Fuego. Es otro punto a vigilar, el Paso Fronterizo San Sebastián.

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