“Hoy almorzamos gratis”

Frontis del restaurante y la típica pizarra a tiza con el mensaje más esperado del mes.

Se transformó en una pequeña tradición de Valparaíso. Y van todos, desde estudiantes y vecinos, hasta personas que viven en la calle. Una vez al mes, “Las Cachás Grandes” pone en su pizarra que ese día el almuerzo no se paga.


No existe semana ni día asignado. Pero ya es una pequeña tradición. Solo basta con que la pizarra de tiza que está en la calle anuncie la noticia a primera hora para que el dato se difunda por el barrio puerto: “Hoy almorzamos gratis”. Literalmente.

La iniciativa de Carlos Arredondo, dueño del emblemático restorán “Las Cachás Grandes”, que atiende a sus parroquianos desde 1942, no significa cerrar de manera extraordinaria su local para personas con necesidades especiales. No. Es para todos. Entra cualquiera y todos son atendidos como cualquier día, “como si pagaran”, cuentan en el local, orgullosos. ¿La exigencia? Ninguna. Solo compartir con el que le toque al lado.

Lentejas con queso de cabra fue el contundente menú comunitario del “miércoles solidario” de agosto, como algunos lo han llamado, que convocó a trabajadores ambulantes y sus familias, a los indigentes del sector La Matriz y a universitarios, que se entusiasman en compartir y escuchar viejas historias y pellejerías de puerto.

La Tercera también llegó y probó. No solo el menú, sino el ambiente y la reacción del respetable ante la iniciativa.

“¿Aquí es donde dan almuerzo gratis?”, pregunta escéptica Julia Velásquez (20) en la esquina de Blanco con Clave. La joven universitaria española, actualmente de intercambio, no lo podía creer. “Me parece una iniciativa muy bonita, el lugar es muy agradable y representativo de Valparaíso, y me llama la atención ver mucha gente comiendo tan feliz, así es que este lugar está muy bien”.

La alumna de trabajo social llegó con un grupo de compañeros, quienes compartieron con haitianos, a los que no conocían. En la mesa más cercana está Santiago Muñoz y su amigo “Robertito”. Ambos festejan su cumpleaños con una cerveza que traen en medio de la chaqueta : “Nosotros vivimos en la calle, me dan trabajo limpiando pescado y es una muy buena obra esto, porque hay gente que a veces no tiene mucho para comer, como nosotros”.

El comedor del local también deja opción para quien desee llevarse la colación que no alcanzó a degustar en un pote de plumavit. También aparecen vecinos que preguntan si algo falta para la cruzada del mes, entre ellas Emilia, de la tienda de antigüedades cercana: “Permiso, buen provecho para todos, hoy me ofrezco a lavar la loza”, anuncia entusiasta. Y cumple. Ayuda.

Espíritu comunitario

El espíritu comunitario es lo que, según asegura Arredondo, mantiene la actividad, que no necesariamente le genera un gasto. “Todo lo contrario, tengo un amigo con bodega con insumos que me ofrece colaboración; además, los vecinos y cercanos que saben de esto siempre quieren aportar. He llegado a servir 170 platos y lo hacemos con cariño, para que la gente más necesitada no se sienta que está mendigando. Mi regalo es que la gente del sector cuida el local y me bendicen cada vez que me ven en la calle”, cuenta.

Solo en este invierno, el Ministerio de Desarrollo Social ha ejecutado 1.800 atenciones en el sector Barrio Puerto, entre albergues y rutas sociales. Por eso es que la idea de plato comunitario es celebrada también por el seremi Ricardo Figueroa: “Este tipo de actividad genera un llamado de atención a la sociedad, porque es un gesto de humanidad y solidaridad. Felicitamos y estamos orgullosos de los profesionales gastronómicos que solidarizan entregando cariño”.

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