Saturación de la red en la Región Metropolitana obliga a hospitalizar a pacientes en consultorios

En La Granja se habilitaron 100 camas para los vecinos que esperan cupo en los hospitales. Foto: Andrés Pérez

Pese a que la atención primaria no debería tener camas ni personas por más de seis horas, varias comunas han abierto cupos de internación con recursos propios.




Hace dos meses que la Municipalidad de La Granja empezó a preparar sus centros de atención primaria. El alcalde, Felipe Delpin, mandató a su equipo de salud para armar una red de prehospitalización que empezó a funcionar hace un mes.

El director de Urgencia de La Granja, Walter Macías, cuenta que para montarlo tuvieron que contratar a casi 100 personas, todas con experiencia hospitalaria. A la fecha, el municipio cuenta con 100 camas, de las cuales 50 están disponibles para ser utilizadas de inmediato y distribuidas en tres consultorios. “Son pacientes que están esperando por un cupo en los hospitales. Nosotros tenemos una comunicación directa con el jefe de la Urgencia del Hospital Padre Hurtado. Le entregamos los pacientes y vamos coordinando las llegadas para que sean derivaciones seguras”, dice Macías.

Todo ha sido costeado por el municipio. Han tenido problemas con la alimentación, por lo que piden a los familiares que aporten con esas comidas, y el municipio entrega la cena. Hasta la fecha han atendido a 100 pacientes con Covid-19. Y algunos de ellos han estado hospitalizados ocho días.

Este sistema ha encontrado detractores en la Confederación de Trabajadores de la Salud Municipal (Confusam), debido a que la atención primaria, enfatizan, no cuenta con los recursos para hospitalizar pacientes. Sin embargo, Delpin defiende la idea.

No queríamos. A ningún alcalde le gusta tener camas de prehospitalización, pero si no lo hacemos, nuestros vecinos van a morir ahogados en su casa por falta de oxígeno. Esto es lo que viene y se va a instalar en todas las comunas, porque los hospitales no están aguantando más.

Felipe Delpin, alcalde de La Granja

En Puente Alto también se prepararon con tiempo. La directora de Salud, Daniela Torres, cuenta que en febrero el alcalde, Germán Codina, manifestó la necesidad de montar una estructura que permitiera internar pacientes en caso de que su hospital de referencia, el Sótero del Río, no diera abasto. Actualmente, Puente Alto tiene 91 camillas de prehospitalización en siete centros de salud, lo cual implicó contratar a cerca de 60 funcionarios. Algunos han estado una semana entera esperando un cupo hospitalario y, en días peak, han llegado a tener 83 pacientes.

“Estamos dignificando su salud. Si no estuviéramos, estos pacientes perfectamente podrían haber fallecido sin atención médica”, dice Torres.

La Universidad Católica también se vio obligada a armar, con sus propios recursos, el mismo sistema en sus dos Cesfam de Puente Alto y el de La Pintana. Fue en este último que la cantidad de pacientes graves forzó a crear una forma de atención distinta. “Se nos vino la angustia de decir ‘bueno, qué hago con este paciente’, porque los hospitales y las urgencias están repletos”, dice el director de los Centros Áncora UC, Álvaro Téllez.

Así fue como contrataron personal adicional para atender 24 horas y los siete días de la semana, con seis camillas. “Se está constituyendo una capa de prehospitalización que antes no existía y que está siendo una reserva o un complemento a lo que los hospitales no son capaces de hacer”, agrega Téllez. La UC, además, está trabajando junto al Servicio de Salud Sur Oriente y Puente Alto para habilitar entre 20 y 50 camas más.

Otra comuna que está en lo mismo es Peñalolén. El colapso en el Hospital Luis Tisné provocó que las ambulancias esperaran con pacientes entre 12 y hasta 24 horas. Por eso, la alcaldesa, Carolina Leitao, habilitó el SAR con 15 camas para recibir pacientes y estudian aumentar a 20 o abrir más camillas en los Sapu.

En San Joaquín, en tanto, están preparándose para montar un sistema similar. El director de salud de ese municipio, Juan Ilabaca, cuenta que dada la saturación de su hospital de referencia, el Barros Luco -donde este miércoles en la mañana quedaba solo una cama crítica- están comprando camillas y habilitando conexiones de oxígeno para tener entre seis y ocho cupos: “Estamos en una situación extrema y esta preparación, desde el punto de vista humanitario, es muy importante, porque la alternativa es tener al paciente en una silla”.

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