Seminarios: ¿Cómo se aborda tema del abuso?

Frontis del Seminario Pontificio Mayor de Santiago, ubicado en la comuna de La Florida.

El cambio de obispos es una parte. La “cultura del abuso y encubrimiento”, descrita por el Papa Francisco, es para muchos el tema de fondo. Frente a eso, la formación de religiosos es crucial, con métodos como “el trato universal” con los fieles y el uso de espacios “abiertos”.


La crisis de la Iglesia Católica en Chile, generada por hechos de abusos y presuntos encubrimientos, ha revelado algo más que las mismas denuncias: falta de experiencia en el conocimiento de este tema. “Yo no estudié para detective, estudié para ser pastor”, dijo a mediados de mayo pasado el ahora obispo emérito Alejandro Goic, cuando se hicieron públicas las múltiples denuncias en la diócesis de Rancagua, que apuntaban a una supuesta cofradía de sacerdotes con conductas, al menos, irregulares. Hoy, 14 están suspendidos e investigados por la fiscalía.

Una vez más, el argumento es que no se entiende, no se conoce, no se percibe la génesis ni dimensión del problema. ¿Cómo están preparando los seminarios y congregaciones a sus futuros sacerdotes y religiosos respecto de la tríada abuso sexual, de conciencia y de poder?

Generar espacios llamados “sanos” es un concepto que se repite. “Que las parroquias sean arquitectónicamente abiertas. Que no existan esquinas, recovecos, lugares solitarios y encerrados”, explica el sacerdote y exrector del Seminario Pontificio Mayor de Santiago Cristián Castro Toovey, quien acaba de ser nombrado vicario de la arquidiócesis capitalina.

Para Castro, hay un refrán que puede aplicarse en estos casos: “¿Dónde ocurrían los abusos según los denunciantes de una congregación? En el subterráneo. En un espacio cerrado, oscuro, donde pudieran estar solos. Eso es fatal, porque la ocasión hace al ladrón, y aquí vale lo mismo: la ocasión puede hacer al abusador”.

Frente a esa idea, el arquitecto de la U. de Valparaíso y acompañante jesuita Gerardo Polanco sostiene que, en el caso de las dependencias más antiguas, “lo primero que debiera hacerse es reemplazar las puertas opacas por otras vidriadas, transparentes, de manera de aumentar el control social. Que la gente vea todo lo que allí pasa”.

Los protocolos actuales para prevenir el abuso de menores se perfeccionaron desde 2011, después de que estallara el caso Karadima. Según los relatos de las víctimas, el patrón de comportamiento de los religiosos en situaciones como estas tiene ciertos elementos comunes: dependencia espiritual, mucho abrazo y gestos físicos, confianza, dominación sobre el actuar y pensar de la víctima y, finalmente, abuso.

Otro religioso de la Arquidiócesis de Santiago, quien pidió reserva de su nombre, no cree que ninguna ocasión incite a nada, ni a ladrones ni abusadores: “Si es que hay una verdadera ética de alma, si la elección de personas para una tarea espiritual es la correcta desde la base, esa persona siempre actuará bien”.

Formación sacerdotal

En 2015, el Departamento de Prevención de Abusos de la Vicaría Pastoral del Arzobispado de Santiago publicó “Promoviendo ambientes sanos y seguros de comunión fraterna”, uno de los instrumentos centrales para la prevención de abuso a menores dentro de la Iglesia.

Allí, en 97 páginas, se explica la definición de esta conducta, desde la justicia civil a la norma canónica. También los factores de riesgo y protección, los ámbitos donde se desarrolla el abuso, las señales de alerta y cómo denunciar, entre otros puntos relevantes.

El director sacerdotal y formador del Seminario de Concepción, Jorge Delpiano, sostiene que “hemos tenido talleres sobre afectividad sacerdotal con sentido práctico. Hace tres años que se está trabajando mucho sobre comportamiento e identidad sacerdotal. Es un taller sobre afectividad que se trabaja con un sicólogo laico y dura unos tres meses, una vez por semana”.

Sobre la conducta de los seminaristas, Delpiano recalca la importancia de compartir la vida con los demás, apoyar y dar iniciativas. “Si yo, como formador, no me pongo por encima de nadie, sino que soy un colaborador y fomento que la otra persona tenga iniciativa, desde la otra vereda, quien está estudiando para ser un servidor de otros, jamás verá un estilo de autoridad que pueda confundirse y transformarse en dominación”, explica.

También agrega que “hay que ser muy cuidadoso en la misión de los candidatos al sacerdocio. No percibir solo lo que la persona dice, sino que se les entreviste antes de entrar a la congregación y tratar de conocer la forma cómo ve la vida”.

La Conferencia Episcopal también ha trabajado el tema con el Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento a las Víctimas, creado por la asamblea plenaria de obispos en abril de 2011, para “orientar y dirigir políticas de prevención sobre abusos sexuales a menores de edad y ayuda a las víctimas”. La entidad actualmente es encabezada por el obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González.

Primeros dos años

En el Seminario Pontificio Mayor de Santiago, los primeros dos años de formación consisten en un plan general. Se aborda el trabajo personal y comunitario “desde la dimensión espiritual y humana”, según explican en la entidad. Esto incluye el manejo de habilidades sociales, vida sicosexual, manejo de la agresividad y tolerancia a la frustración.

Luego se introduce la lectura de la Biblia, el desarrollo de la espiritualidad, la antropología y moral cristiana, además de la liturgia. El segundo año, se avanza a sicología clínica y evolutiva.

Una vez completados los primeros dos años, los aspirantes a sacerdotes cursan el plan de estudios de la Facultad de Teología de la U. Católica, que también contiene ramos prácticos relacionales y netamente religiosos.

Sin embargo, Cristián Castro insiste en algo fundamental: el sentido común, en que la Iglesia debe poner más atención en las conductas de sus presbíteros, actuales y futuros. “Uno capta la diferencia cuando un sacerdote está siempre rodeado de ‘su grupo regalón’. Ahí hay que poner ojo. El trato debe distinguirse por su universalidad, por ser un servidor de todos, sin excepciones, siempre en un contexto normal y no en instancias ocultas y con grupitos aparte. Eso no debe ocurrir”.

La comunidad también debe tomar parte en la formación de los ambientes sanos y la cultura de la prevención: “¿Cómo? Darse cuenta cuando hay situaciones que son extrañas. Todos debemos estar atentos. Alertar cuando en una comunidad se descubre que el sacerdote tiene conductas raras o situaciones ambiguas. Eso es mero sentido común y todos lo tenemos”, manifiesta Castro.

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