SEÑOR DIRECTOR

Después del llamado del Presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a deponer al gobierno de Nicolás Maduro, la prolongada crisis que vive Venezuela se ha profundizado. El llamado a la rebelión solo fue seguido por un puñado de militares de rango medio y bajo, y todos los altos mandos han proclamado su respaldo al gobierno de Maduro. Se vive una situación de empate político casi catastrófico: la oposición, unida por primera vez en muchos años, parece contar con un apoyo considerable, pero no tiene aún la fuerza suficiente para derribar a Maduro. El gobierno, a su vez, cuenta hasta ahora con el respaldo de la Fuerzas Armadas y del apoyo activo de un sector de la población, seguramente minoritario, pero no tiene ninguna condición para superar la profunda crisis que la dictadura de Maduro ha conducido al país. Las consecuencias las paga ese sufrido pueblo hermano.

Agrava el cuadro, las amenazas del gobierno de Trump de recurrir a una intervención militar. Lo reiteró el 1 de mayo el Secretario de Estado norteamericano: "una acción militar es posible. De ser necesario es lo que Estados Unidos hará." Si ello ocurriera, América Latina pasaría de ser una zona de paz a una de confrontación y guerra con su inevitable secuela de destrucción y muerte.

Solo una salida pacífica y negociada, que convoque a elecciones libres, supervigiladas internacionalmente, podrá restablecer la democracia y un gobierno legítimo. La comunidad internacional y la opinión pública regional debemos movilizarnos activamente para rechazar la amenaza militar del gobierno de Trump y forzar a Maduro a entregar el poder, y permitir elecciones libres.

Jaime Gazmuri

Académico de la Universidad de Talca

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