Catalina Bu afina el trazo y alegra la mirada en nuevo libro

La ilustradora penquista lanza la continuación del exitoso Diario de un solo, segunda parte de una trilogía sobre la soledad.




Desde pisar agua con los calcetines puestos, pasando por lavaplatos colapsados de platos sucios hasta lo que significan las migas de pan en la cama. Son algunas de  las situaciones que formaron su primer libro Diario de un solo. Es, también, la realidad de aquellos jóvenes que optan por independizarse  graficada con genialidad e ironía por Catalina Bustos, la ilustradora que con tan solo 26 años ya está ad portas de lanzar Diario de un solo 2.

Catalina Bu vivió hasta cumplir la mayoría de edad en Concepción y siempre estuvo interesada en la creatividad, y en el arte. Sin embargo, cuando debió estudiar, optó por diseño industrial en la Universidad del Bío-Bío. “Entré muy perdida y disfrutaba mucho las clases de dibujo. Ahí me di cuenta que tenía que decidir por alguna de estas aristas creativas y supe que quería dibujar por el resto de mi vida. Convencí a mi familia de que me tenía que venir a Santiago y llegué a estudiar Ilustración al Instituto Arcos”, cuenta.

Es de las pocas ilustradoras que estudió esta carrera. “Por lo general los ilustradores eran diseñadores gráficos o artistas visuales que se especializaron en la ilustración pero no eran profesionales de esa área. En mi diploma dice Ilustrador profesional”.

¿Cómo nace Diario de un solo?

Nace como reflejo de lo que viví cuando me mudé a Santiago. Significó enfrentarme a una adultez súper temprana. Soy chica para haberme venido sola, me costó irme de la casa de mis papás, me dio pena y me enfrenté a todos estos fracasos domésticos que están en mi libro. Primero fueron 2.000 copias y en menos de un año ya van tres ediciones, que para un libro de cómics es raro.

Ahora lanzas la parte dos, ¿qué cambios hay? 

Creo que yo estoy mucho más contenta y eso, sin querer, se nota. Es un Solo más alegre que interactúa con la ciudad, sale a caminar, ve las publicidades, las noticas, es un espectador de todo este vómito de información que está todos los días en la ciudad. Es la secuela del primer libro donde tuve completa libertad, incluyendo lo gráfico. A veces hasta el dibujo quedaba más feo y ahora, el segundo, ha sido más cuidado porque yo estoy más cuidada. Hay una evolución de mi trazo y la idea es que sea una trilogía.

¿Cómo ha sido este año?

Durante este año he sido profesora de taller en el Instituto Arcos y he viajado a ferias del libro. En Filsa (Feria Internacional del Libro de Santiago) haré una instalación en vivo que será un dibujo a tamaño real del libro. Además me preparo para ir a la Feria de Guadalajara a fin de año.

¿Cómo es la relación con los nuevos ilustradores?

El punto en común que tenemos los ilustradores es que todos hemos empezado de nada. Cada uno comenzó editando sus propios fanzines, imprimiendo stickers en la imprenta o en la fotocopiadora de la esquina, entonces todos apreciamos mucho el trabajo del otro. Entre nosotros la competencia no es mala, hay una buena onda. Si yo estoy en un stand y me sobra espacio, invito a otros ilustradores. Es un trabajo súper colaborativo. Eso no pasa en otros circuitos.

¿A qué pares admiras?

A Paloma Valdivia, Alberto Montt, Francisco Javier Olea, Mala Imagen y Sol Díaz yo los admiraba, los veía tan genios y ahora me voy a tomar una cerveza con ellos. Es muy entretenido porque compartimos, nos ayudamos y eso es súper enriquecedor. Porque en el fondo el ilustrador no tenía escuela hasta hace poco, no eras ni artista ni diseñador, estabas en un terreno de nadie.

¿Quiénes han marcado tu carrera?

Alberto Montt me apadrinó y en la escuela de ilustración Carlos Reyes nos hizo clases teóricas y  me enseñó que el cómic iba más allá del superhéroe.

¿Qué rol juega la Galería Plop en la escena?

La Galería Plop nos ha dado a conocer mucho. Es la única casa de ilustración en Santiago y la más importante de Chile. Gracias a ella la gente se ha podido acercar a los ilustradores, conocerlos, ir a las firmas de libros, comprarse los originales y las propias artesanías que hacen los ilustradores.

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