El Che para en Quillota

Un futbolista con ideas. Matías Cano, arquero de San Luis, ofrece su apoyo al partido comunista. No puede militar por ser extranjero.

El 26 de junio de 2002, la vida de Matías Cano experimentó un cambio rotundo. La muerte de dos jóvenes en Argentina, Maximiliano Kosteki (22) y Darío Santillán (21), en un suceso conocido como la Matanza de Avellaneda, le hizo empezar a ver el mundo con otros ojos. El hoy arquero de San Luis tenía entonces  16 años y no podía comprender -cuenta- que dos personas acabasen de morir por reclamar, simplemente,  “por planes sociales, por la gente que estaba muriendo de hambre”.

Hoy, con 30 años y una biblioteca personal nutrida por cerca de 500 libros, con los que continuar aprendiendo sobre temas sociales y políticos, el portero trata de seguir desarrollando sus inquietudes en Chile. Y ésa es la razón que le llevó a acercarse a las Juventudes Comunistas de Quillota, para ofrecer conversación y colaboración.

“Vio propaganda del partido en la calle y nos contó que desde chico había estado interesado en política, pero como llegó hace poco no había tenido la posibilidad de estar involucrado. Se comunicó por facebook con nosotros, se acercó de manera muy humilde y nos contó su historia, que había trabajado desde muy joven en movimientos y que había estado cercano al Partido Obrero. Y nos dijo que se ponía a nuestra disposición para actividades como los trabajos sociales”, revela al respecto Fabricio González, Secretario regional de las Juventudes Comunistas en la Quinta Cordillera.

Y aunque su condición de extranjero, explica el dirigente,  le impide afiliarse o militar oficialmente en algún partido u “opinar públicamente de política contingente”, nada le ata a la hora de compartir su proceso y su preocupación social.  Nadie puede prohibirle contar su historia.

Y así parte su conversación con La Tercera, recordando precisamente la Matanza de Avellaneda: “Cuando vi que dos personas habían perdido la vida por protestar por algo social, por ayudar a los más vulnerables, eso me hizo preocuparme en la política. Antes no me había interesado. Ni mi mamá ni ni papá son definidos políticamente, y si no te inculcan eso es difícil que uno se interese. Pero eso cambió con la muerte de estos jóvenes”.

Cano se acercó entonces al Partido Obrero, al que pertenecían Kosteki y Santillán, para concretar su inquietud. “Me empecé a interesar, a ver que no todo era como los medios de comunicación decían. Había otra campaña, que era salir a la calle a ver cómo la gente solucionaba sus problemas. Ahí vas tomando partido, te vas identificando con movimientos sociales. Como cuando Néstor Kirchner asumió y me sentí identificado, porque si bien no era de izquierda declarada, nunca hubo algo más de izquierda en Argentina que ese gobierno. Y logró que la juventud se involucrara más. Así partí y no pude alejarme”, agrega.

Pero a su interés le quiso poner fundamentos. “Empecé a estudiar historia, pero fue poco, no puedo decir que estudié. Pero tengo un muy buen amigo que es profesor de historia con quien converso. Tengo una biblioteca personal en casa y hasta hoy trato de comprarme un libro y siempre tirando para la izquierda”. Literatura sobre procesos revolucionarios o el período de Salvador Allende (“por la cercanía, por ser países vecinos”), despiertan su interés.

Ya en Quillota, trató de aprender de la realidad chilena. Y fue así como conoció la historia de Diego Guzmán (25 años) y Exequiel Borvarán (18). El primero, quillotano y comunista, y ambos baleados hasta la muerte por el dueño de una casa después de una pelea por el pegado de carteles durante una marcha estudiantil en Valparaíso.

“Supe de la muerte de los dos jóvenes en una marcha, después vi el afiche y me acerqué”, comenta Cano respecto de su aproximación a las JJ.CC. “Quedé a disposición de ellos, sabiendo que uno es una figura pública, pero también una persona y vive en este mundo. E involucrarse no está mal. Estar en los lugares de menos recursos, con la gente, conversar. Comentar la vida de uno y cómo salió adelante. Que una persona que ven en la tele los domingos, pueda conversar con ellos”, explica el arquero.

Una rareza en un medio, el futbolístico, poco acostumbrado a alumbrar profesionales con una opinión política definida. “El futbolista es siempre reservado, a algunos les puede gustar más y a otros menos, pero la vida es una sola y estamos en el mismo mundo”, sentencia.

Y tal vez por eso, al nombrarle a Jean Beausejour, otro jugador que expresa sus inquietudes sociales, Cano asiente con la cabeza. “Por las veces que lo escuché, es una persona que no tiene tapujos, me parece bien que como figura recontrapública se exprese y tome partido. De a poco se desestigmatizará que el jugador no puede opinar”.

Así, en silencio, el joven Matías Cano sigue conversando, preguntando y compartiendo. Y siempre atento, como a los balones en el partido del domingo. El Che para en Quillota.

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