¿Qué haríamos con una hora más?

Un proyecto de ley anunciado esta semana busca reducir la jornada laboral en cinco horas semanales. La pregunta es si los chilenos dedicarían ese tiempo disponible al ocio y la familia o a tratar de aumentar sus ingresos de otra forma.

En enero pasado, la diputada Camila Vallejo dijo en una entrevista en La Tercera que los chilenos no tienen tiempo suficiente para disfrutar el fruto de su trabajo y que hay que acortar la jornada laboral para que tengan más espacio para estar con sus familias. Esta semana, la parlamentaria anunció que impulsará un proyecto de ley para concretar esa idea reduciendo la jornada de las 45 horas semanales que actualmente establece la ley a 40, algo que afectaría al 83 por ciento de los chilenos contratados en el sector privado, que de acuerdo a la Encuesta Laboral (Encla) 2014 cumplen con esa jornada. “Ingresamos el proyecto #40Horas porque creo que, como el “Puma”, todos tienen derecho a ser felices”, escribió Vallejo en su cuenta de Twitter el jueves, citando la famosa canción de José Luis Rodríguez.

La OCDE dice que este es uno de los países donde la jornada es más larga: 1.990 horas promedio en el año 2014, bastante más que las 1.770 horas el promedio de los países de la organización. Andrea Repetto, directora del Centro de Políticas Laborales de la UAI, advierte que esas estadísticas no consideran, además, el tiempo dedicado a los desplazamientos. Un trabajador de jornada completa en la OCDE usa algo menos de 40 minutos al día en ir y volver de su empleo; en Chile la cifra es de cerca de 90 minutos, lo que aumenta las horas laborales.

Viendo los números cualquiera pensaría que en Chile somos trabajólicos, pero hora en el lugar de trabajo no es lo mismo que hora trabajada. “En promedio, los chilenos producimos bastante menos en ese tiempo”, dice Repetto, y explica que tiene que ver con factores como nivel educacional y de desarrollo de capacidades más bajos, así como la menor disponibilidad de capital físico (maquinarias y equipos) por trabajador. “Pero probablemente también con cómo organizamos nuestro tiempo”, agrega la economista.

Cambio de chip

La propuesta de trabajar menos es bien recibida por Mariane Krause, psicóloga que dirige el Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad, quien dice que la suma de la jornada laboral y traslados en las grandes ciudades impacta en el bienestar de la vida familiar, social y cultural de las personas y, por ende, en su salud mental. “La extensa jornada laboral se convierte en estrés en términos directos, porque la persona trabajadora es sometida a una situación de gran demanda, pero sobre todo en términos indirectos, porque impide otras actividades necesarias para su bienestar”, dice.

También aplaude la idea Alexis Morales (34), enfermero en el servicio de emergencia de un hospital público de Santiago y que trabaja con turnos de 12 horas: de ocho de la mañana a ocho de la noche (o viceversa en el turno de noche). “Ya por las ocho horas el nivel de motivación está en el suelo y lo único que quieres es irte para la casa”, dice. Cuando le toca el turno de noche es peor: “Tipo tres de la mañana la capacidad de tomar decisiones importantes se hace difícil”, agrega Alexis, quien tiene pareja y una hija de dos años a las que ve poco en la semana.

Para Constanza Miranda, psicóloga y directora de HSEC Consultores, una reducción de horas laborales debería ir de la mano con un cambio en la manera de trabajar. “Está instalada la cultura de la productividad según cuánto tiempo estoy disponible para el trabajo, ya sea de manera presencial o revisando correos o WhatsApp. Y no sacamos nada con acortar las horas si no hay un replanteamiento de objetivos por cargo y equipos: el trabajo tiene que reorganizarse para que se encuadre en cierto horario”.

La psicóloga agrega que hoy la línea que separa el espacio laboral es muy delgada y éste difícilmente termina cuando la gente se va para la casa. “Nuestra mente sigue en el trabajo, conectados con el celular, recibiendo mensajes que llegan hasta horas a veces irrisorias y que no podemos dejar de ver y contestar”.

Según ella, si efectivamente se logra esa desconexión la persona puede lograr un mejor descanso y sentirse emocionalmente más liviana, lo que se verá reflejado luego en la disposición hacia el trabajo, las relaciones laborales y en el aumento de motivación y creatividad. “Y finalmente en mayor productividad”. En ese punto, eClass tiene trabajo adelantado. En esta empresa se trabaja por objetivos y más del 40 por ciento de los empleados tiene jornada de entre 35 y 40 horas a la semana. María José Gutiérrez, la gerenta general, explica que son factores relevantes en la satisfacción y productividad, porque entre otras cosas han reducido el ausentismo laboral y la rotación es muy inferior a la del mercado.

¿Podemos hacer todo el trabajo en el horario que corresponde? Los expertos aseguran que la productividad no depende del tiempo de una persona en su oficina. En Transbank, por ejemplo, los computadores se apagan terminantemente a las 18:15 de lunes a jueves y a las 15:45 los viernes. “A esa hora llega la gente a hacer aseo, meten ruido y no están las condiciones para seguir”, cuenta Patricio Millar, gerente de Recursos Humanos y Administración, quien agrega que las áreas que se quedan después de esa hora son mal miradas y si persisten el jefe tiene que dar explicaciones.

Millar está convencido de que una empresa donde se trabaja de lunes a viernes puede ser más productiva con una hora menos de trabajo al día. ¿Cómo? Con una gestión de liderazgo en base a la confianza y al reconocimiento en vez del control, y con trabajadores que quieran estar donde trabajan. “Si tú le dices a un trabajador: oiga, qué le parecería estar una hora antes en su casa, ¿se le ocurre de qué manera ser igual o más productivo para lograr eso?, te va a dar miles de ideas. Pero en general los trabajadores no son llamados a opinar”.

¿Tiempo libre?

La siguiente pregunta es qué harían los trabajadores con más tiempo libre. ¿Pasarían más con la familia o harían deporte? Marian Krause recomienda invertirlo en las relaciones interpersonales, actividades recreativas y en tareas que impliquen involucrarse con el barrio u organizaciones. “Lo que no recomendaría es bastante obvio: destinarlo a un mayor consumo pasivo de ‘entretención’, como aumentar las horas frente al televisor”.

A Carmen Gloria Betancur, psiquiatra y parte de la Sociedad Chilena de Medicina del Sueño, le parece tan importante como legislar el que los chilenos entiendan que deben cuidar el reposo y las horas de sueño. “Pero me temo que aunque se legisle sobre reducir las horas de trabajo, probablemente el chileno extienda su día para hacer otras actividades o, en una de esas, por un tema de lucas se busca una pega más vespertina y trabaja un par de horas más en otra parte”.

Algo de eso descubrió Lucas Navarro, economista y académico de la UAH, quien utilizando datos de la Encuesta Suplementaria de Ingresos del INE de 2013 analizó el comportamiento de los hombres con contrato y jornada completa. Para su sorpresa, dos tercios de ellos estaban conformes con su jornada y un tercio, incluso, quería trabajar más. Este último grupo ganaba cerca un 30 menos que sus pares que estaban satisfechos con su horario. “Esta diferencia de ingreso sugiere que detrás de este deseo de trabajar más está la necesidad de complementar sus ingresos”, explica Navarro.

Le pasa a Eduardo Guajardo (33), diseñador gráfico en una empresa en Seminario con Providencia, quien trabaja de nueve a seis de la tarde. Una vez que termina ahí se dedica a ser conductor de Uber. “Sería súper bueno que me acortaran mi jornada laboral, pero en vez de quedarme en mi casa mirándome el ombligo seguiría haciendo eso”, dice y agrega que maneja hasta la medianoche y eso le aporta casi el 15 por ciento de lo que gana al mes. “Termino el día agotado”.

Navarro dice que para que un proyecto como este tenga efecto real en aumentar el bienestar los salarios tienen que crecer y para eso debe aumentar la productividad. De lo contrario, seguirá habiendo trabajadores, como ese tercio encontrado en la encuesta del INE, que aprovecharán la mayor disponibilidad de horas para buscar un trabajo extra.

EXPERIENCIA EXTRANJERA

La reducción de horas de trabajo es una política que se viene implementando en las economía más desarrolladas, como Suecia, Holanda, Dinamarca. “La diferencia está en la productividad, esos países son mucho más productivos que Chile y pueden pagar salarios lo suficientemente altos por un número de horas relativamente bajo”, dice el economista Lucas Navarro.

Suecia ha estado experimentando recientemente con seis horas, manteniendo el salario completo de los empleados de áreas tan diversas como startups a casas de reposo. En este último caso, las enfermeras que trabajaron menos horas registraron menos licencias por enfermedad y mejores condiciones de salud y, a la vez, aumentaron productividad. Sin embargo, el proyecto ha enfrentado críticas de los opositores por los altos costos que implica.

“No todos los sectores productivos pueden hacer esto y, seguramente, una vez terminadas las evaluaciones, se encontrarán efectos heterogéneos. Por ejemplo, en el servicio de cuidado de adultos mayores se ha debido contratar más personal para enfrentar la reducción de la jornada. Pero tal vez los mayores costos se compensen con una mejor atención y con una mejor satisfacción con el empleo. Está por verse”, dice Andrea Repetto.

¿QUIÉN TRABAJA MÁS?

Según la última Encuesta Laboral (Encla) 2014, la duración de la jornada de trabajo no está asociada con el tamaño de una empresa y las diferencias en este plano son prácticamente inexistentes (44,9 horas semanales en la gran empresa y 44,6 en la microempresa), aunque no ocurre lo mismo con los sectores productivos.

Hay cinco sectores cuyos promedios superan la media nacional: transporte (47 horas semanales), comercio (45,1), hoteles y restaurantes (45,1), educación (45) y el sector silvoagropecuario (45).
La diferencia entre la extensión de la jornada semanal de hombres y mujeres es muy reducida: la jornada promedio de los primeros (44,9 horas) supera en 12 minutos la de las mujeres (44,7 horas).

Seguir leyendo