La pausa y los proyectos que dejó Juan Radrigán

El Gobierno decretó Duelo Oficial para hoy por la muerte del dramaturgo, quien recibirá un homenaje esta mañana en el Teatro Antonio Varas, a las 10.00 horas, previo a su funeral. El próximo año, cuando cumpliría 80, el autor volverá al escenario con un texto inédito en el GAM, y otra de sus obras, con el Teatro del Silencio.

Casi sin dormir, leer ni escribir como hacía antes, Juan Radrigán combatió la eternidad de los últimos días. “Ya ni sé cuándo se termina el día y cuándo asoman las sombras de la noche. Por eso esta pausa ha sido tan angustiosa. Sé lo que tengo, pero no cómo se combate, y eso me nubla”, contó el dramaturgo de 79 años a inicios de septiembre pasado, sentado a la cabecera del comedor y a pocas semanas de haber vuelto a su departamento, en la esquina de Carmen con Copiapó.

Un mes antes se había hecho un chequeo médico producto de un movimiento brusco. “Iba a recoger un papel, se agachó y sintió que algo se le desprendió. Nunca se cayó, como dijeron por ahí”, explicaba entonces su mujer, la actriz Silvia Marín. “El primer diagnóstico fue una descalcificación ósea, quizá de 10 ó 15 años, muy silenciosa y que no le provocó dolor. Juan hacía media hora de (bicicleta) elíptica todas las mañanas antes de salir; tenía muy buen estado físico para haber fumado como fumaba”, agregó.

Fue lo primero que le prohibieron: ni un solo pucho más. Luego, mientras daba ese “paseo inútil” de especialista en especialista, como él mismo le llamó, al fin un geriatra pudo decirles a él y a su familia que efectivamente sus dolores no eran solo producto de la edad. “Lo vieron dos o tres médicos antes de que el último dijera que se trataba de algo mucho más serio, y que había que hacerle dos resonancias magnéticas en la columna y cadera, un escáner y otra pila de exámenes de sangre”, explicó su esposa.

Días después vino el diagnóstico: cáncer a la columna con metástasis. Esa misma tarde fue internado en la Fundación Arturo López Pérez, donde recibió cinco sesiones de radioterapia y varias visitas, entre alumnos, amigos y familiares. Ya a comienzos de septiembre, el autor de Las brutas, Hechos consumados y otras 40 obras, fue trasladado otra vez a su departamento, a rodearse de los suyos. Para entonces ya no caminaba, solo se desplazaba a ratos sobre una silla de ruedas. Tampoco podía comer carne, huevos ni beber leche, solo verduras y frutas en exceso. Por las tardes hacía reiki, y hasta había conocido las flores de Bach (“aún no entiendo pa’ qué sirven estas cosas”, decía) y el veneno de alacrán azul.

“Intento probarlo todo para salir de esto y volver. No vayan a decir que Radrigán desapareció, que me fui, pero la verdad es que ya casi ni trabajo. Antes de todo esto le había echado un ojo al Edipo, por lo contrabandista, la lucha de poderes que hay ahí y lo poco que sabemos de nosotros; pero ya no tengo la euforia ni alegría de escribir. No están. Sería solo por decir que estoy haciendo algo”, reconoció.

Familiares suyos, sin embargo, revelan que incluso días antes del domingo pasado, cuando el Premio Nacional de Teatro 2011 cerró sus ojos por última vez, creó y creó obsesivamente, como siempre había hecho. “Cuando estaba medicado se pegó unos viajes más o menos, y me dictaba todo lo que quería escribir, y ahí están sus cuadernos, con una carga poética magistral, a mi parecer. Yo creo que él sanó por dentro muchas cosas que se callaba, pero esta vez pudo sacárselas”, dijo Marín.

Ayer, durante todo el día, sus restos fueron velados en el Sidarte, en Barrio Bellavista, hasta donde llegaron familiares, amigos, gente del teatro y sobre todo alumnos suyos. El ministro de Cultura, Ernesto Ottone, anunció además Duelo Oficial para hoy, cuando a las 10 de la mañana se le rinda un homenaje en el Teatro Antonio Varas con la lectura dramatizada de Amores de Cantina y Fantasmas Borrachos. Luego, poco antes del mediodía, partirá el cortejo fúnebre desde la calle Morandé, pasando por la Pérgola de las Flores, rumbo al cementerio El Manantial de Maipú, donde será enterrado.

“Fue un viaje tranquilo. Se fue en el sueño”, contó ayer Rienzi Laurie, hijo mayor de Silvia Marín y a quien Radrigán crió como si fuera propio. El mismo cuenta que el dramaturgo había planeado su retorno al teatro con dos proyectos que verán la luz en 2017. El más próximo debutará en marzo, en el GAM, y se trata de un inédito: Clausurado por ausencia (2007), que será dirigido por Francisco Krebs (El amor de Fedra). En la oscuridad se dibujan tres personajes, un hombre y dos mujeres, quienes aguardan a que el Estado chileno inaugure un memorial hasta donde acaban de trasladarse los restos de cientos de ejecutados políticos. “La anécdota es que nadie llega a inaugurarlo, y todo, incluidos ellos, quedan estancados en el tiempo”, dice Krebs.

El segundo, más planificado aún, será una versión de su obra Beckett y Godot (2004) al aire libre, dirigida por Mauricio Celedón, de Teatro del Silencio. “En este texto,

Radrigán vuelve a cruzar con una genialidad incomparable sus inquietudes con las de Beckett, pero sin contaminar su propio universo”, dice el director, quien cuenta que el espectáculo podría girar por tres continentes, con escalas obligadas en Francia, Chile y Argelia. “No es más que la espera de la muerte”, decía Radrigán en 2009 sobre el texto, al igual que en su última entrevista: “Puede que sea la misma espera en la que me encuentro”.

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