La princesa Leia, una de las mujeres más trascendentes del cine

Autor: La Tercera

Es un antecedente directo para personajes como la teniente Ripley, combatiendo la idea de la damisela en peligro a punta de disparos y difíciles decisiones.

Aunque la idea de la princesa rescatada del castillo es una de las imágenes más clásicas de la cultura pop, ya sea por las películas animadas de Disney o por videojuegos como Super Mario Bros., en el Star Wars de 1977, una princesa tomó las armas durante su propio rescate de una fortaleza destruye planetas.

Mientras sus primeras líneas de diálogo indican que Obi-Wan Kenobi es su “única esperanza”, durante toda la trilogía original queda claro que la princesa Leia es quien se forja su propio camino como un luz de esperanza para todas las mujeres ante un tipo de historias que históricamente eran desarrolladas y enfocadas para la audiencia masculina.

Pese a estar al medio de dos héroes que inevitablemente terminan salvando el día, Leia hace que su voz sea escuchada e incluida.  A la vez, deja en claro que sus ideas políticas de revolución no ceden ni siquiera ante el chantaje de la destrucción de su propio planeta y termina transformándose en el puntal contra el enemigo, llamando a corregir el mal que aqueja a esa galaxia muy lejana.

Como la última gran sobreviviente de su mundo, siendo más definida como una espía de la Alianza Rebelde que por su rol de representante de Alderaan ante el Senado Galáctico, esta princesa nunca baja los brazos, toma las armas y despacha soldados imperiales en la ruta al Halcón Milenario.

Quizás antes hubo otras mujeres de armas tomar en la ciencia ficción, pero sus acciones la transformaron en uno de los personajes femeninos más trascendentes al ser parte del blockbuster por excelencia que comenzó a redefinir a Hollywood a partir de su estreno.

Teniendo en consideración que la relación romántica con Han Solo no la define como personaje, el rol de Leia está marcado además por icónicas imágenes que demuestran su independencia. En El Regreso del Jedi, Leia se libera de su captor al ahorcar al asqueroso Jabba the Hutt.

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Leia es ahí una idea, representando a una mujer fuerte que no necesita ni de un hombre con un sable de luz ni del piloto de la nave más rápida de la galaxia para liberarse. Ella misma puede despacharse a la criatura criminal más peligrosa de Tatooine, aún con todo y el incómodo bikini que tuvo que portar.

En una entrevista en The Mike Douglas Show, en el marco del estreno de la película original, Carrie Fisher ya declaraba que su personaje “no es la damisela en peligro común y corriente”, alejándose desde su presentación de la idea típica que era asociada a las princesas en el mundo del cine. “No grita ni se desmaya cuando no están los hombres, está decidida por su propia cuenta”, decía.

Leia rompía el canon imperante, no necesitaba de un beso para despertar ni de un héroe para invalidar el efecto de una manzana envenenada, y aquello siempre fue abrazado con convicción por la actriz, aunque en su autobiografía declaró que George Lucas, y la saga, arruinaron su vida.

Dos años antes del surgimiento de la teniente Ripley en la saga de Alien, quien con el estreno de Aliens en 1986 terminó transformándose en el mayor icóno femenino de acción en el cine junto a la Sarah Connor de Terminator 2, la princesa Leia innegablemente marcó un antecedente en una industria cinematográfica acostumbrada a utilizar a las mujeres como comparsas secundarias en el cine de género. Leia, antes de las “chicas finales” del cine de terror, fue la primera gran sobreviviente, quien soportó la tortura del propio Darth Vader.

De ahí que si en su juventud se columpiaba sobre el vacío, disparaba a soldados imperiales y se juntaba con wookies, la progresión natural del personaje era convertirse en la líder de la resistencia en la nueva trilogía de películas. De princesa a general no hubo un gran salto sobre el foso, sino que ese era el único camino posible a seguir ante lo que fue y siempre será Leia, cuya última demostración de fuerza la veremos el próximo año, quizás confrontando al hijo que mató al padre.

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