La reconciliación de dos ex Prisioneros

Jorge González y Miguel Tapia volvieron a mirarse las caras el pasado martes, luego de casi 10 años, en un emotivo reencuentro que culminó con el fichaje del baterista al evento que el 27 de este mes marcará el retorno del cantante a los escenarios.

Fue a demasiados kilómetros de distancia, más cerca del Caribe que de San Miguel: “No pienso tocar nunca más con él”. La noche del sábado 18 de febrero de 2006, Miguel Tapia aseguró tajante a la prensa venezolana que la versión de Los Prisioneros donde aún persistía junto a Jorge González y al tecladista Sergio “Coti” Badilla -y que había ofrecido un bochornoso show en Caracas sólo un par de horas antes- llegaba a su final definitivo. No iba más. De hecho, y luego que el recital culminara con el cantante enfrentado al público y entre las pifias de los asistentes, el percusionista agregó que sus diferencias con González eran profundas y que el compadrazgo de antaño se había diluido para siempre.

A partir de esa fractura, Tapia nunca más tuvo algún vínculo con su ex compañero de banda, lo que se encargó de recalcar en las pocas entrevistas que ofreció en los años posteriores: “Nunca más hubo un contacto. Esa vez nos peleamos, pero nos dijimos las cosas de frente, no por los diarios. Pero no lo echo de menos, para mí es una etapa superada”, detalló en septiembre de 2012 a La Tercera.

Té y música

Pero la distancia culminó el pasado martes 10. Luego de casi una década sin cruzar palabras, el baterista decidió visitar a González en su casa en La Reina, donde vive actualmente y donde se recupera del  infarto isquémico cerebeloso diagnosticado en febrero. El nuevo cara a cara se extendió por un par de horas, estuvo amenizado por tazas de té y por temas ligeros que fueron desde música hasta las reediciones de los álbumes de los sanmiguelinos que han aparecido en los últimos años.

El cantautor Gonzalo Yáñez, uno de los mayores aliados del cantante y conocedor del encuentro, agrega: “Según lo que hablé con Jorge, fue algo muy lindo y relajado, porque él nunca tuvo una mala palabra contra Miguel en todos estos años que no se vieron, simplemente se separaron por cosas puntuales, así que fue reencontrarse con un amigo que conoce desde que eran niños. Jorge siempre ha sido así: retoma las relaciones como si te hubiera dejado de ver ayer”.

Según cuentan otros testigos, la reconciliación hizo que Tapia empezara a evaluar la opción de sumarse al evento que el día 27 de este mes marcará el retorno de su ex camarada a los escenarios en Movistar Arena, donde ya hay confirmados otros nombres como Manuel García y Alvaro Henríquez. En sincronía, el propio Yáñez, uno de los gestores de la cita, lo contactó esta semana y obtuvo el sí definitivo de la figura que alguna vez cantó ¿Quién mató a Marilyn? Su participación sólo se definirá este martes 17, cuando se junte a ensayar con el propio González, pero los encargados del espectáculo ya sueñan con una postal, aunque sea pasajera, de ambos tocando en el escenario del recinto del Parque O’Higgins, reviviendo, en dos de sus tres partes, la magia de Los Prisioneros.

Contactado por este diario, el baterista declinó entregar declaraciones, argumentando que se trataba de un tema demasiado sensible y de una reunión que considera personal. Cercanos a Tapia declaran que el artista quedó muy conmovido por el reencuentro y por ver al ex líder del trío en plena rehabilitación, a quien, más que un artista, lo considera un amigo desde la adolescencia, cuando se conocieron en 1979 en el Liceo 6 de San Miguel.

Además, el hombre que hoy lidera la banda de fusión Travesía ha sido uno de los músicos que ha seguido más de cerca la evolución del estado de salud del intérprete, debido no sólo a un asunto de complicidad histórica; su hermana, Anita, está casada con Marcos, hermano de Jorge González y quien ejerció como mánager de Los Prisioneros en su epílogo de 2006. Por tanto, aparte de amigos y compañeros, poseen vínculos familiares, los que le han permitido estar informado de todos los giros en su complejo estado clínico. De hecho, el mismo clan también impulsó a Tapia para que volviera a ver al autor de El baile de los que sobran. 

En el círculo cercano de los artistas, la opción de un reencuentro era un escenario con cierta factibilidad, ya que, a diferencia de lo sucedido con Claudio Narea, los cortocircuitos nunca se dieron por asuntos íntimos o personales. Aparte del quiebre en Venezuela, la otra razón que los separó fueron los planes de González para radicarse en 2005 junto a todos los miembros de Los Prisioneros a México, mudanza que sólo él materializó, lo que profundizó las fricciones entre ambos. Eso sí, la nueva relación entre los ex Prisioneros no ha precipitado un escenario similar para el tercer vértice del triángulo, el propio Narea, a quien se descarta en el concierto de fin de mes y cuyas asperezas con González siguen bajo el rótulo de irreconciliables. 

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