Luces y sombras de Feria Ch.ACO, según los galeristas

Si bien valoran el evento de arte, el que ha allanado el camino del coleccionismo local, la Asociación de Galerías critica la falta de profesionalismo y cobros excesivos para participar.

No hay duda de que la escena del arte contemporáneo en Chile tuvo un antes y después del nacimiento de Feria Ch.ACO, en 2009. Viendo la precariedad del coleccionismo chileno, las socias de la galería AFA, Irene Abujatum y Elodie Fulton, decidieron poner en marcha ese año un evento con cariz internacional que ayudara a consolidar y abrir el mercado local. Con ya ocho versiones en el cuerpo, la Feria Ch.ACO se ha convertido en el principal encuentro de arte del país: ha logrado convocar a galerías locales y extranjeras, además de invitados internacionales, entre curadores, directores de instituciones y coleccionistas. La última edición se realizó el fin de semana pasado en un edificio en construcción ubicado en Av. Las Condes, luego de tres años utilizando la Estación Mapocho como casa. Según la organización, este año la feria tuvo una convocatoria menor, 22 mil personas, versus las 50 mil que aseguran asistieron en 2015, pero las ventas para las galerías subieron en un 20%.

Desde la Asociación de Galerías (AGAC), nacida en 2012 y que reúne a 16 espacios, el balance es menos alegre; miran con recelo las cifras entregadas y critican falta de profesionalismo y poca comunicación con las galerías participantes. “Si bien nos sacamos el sombrero por la labor que han hecho las directoras y está claro que con Ch.ACO se instaló el concepto de feria, sentimos que se han ido quedando atrás con respecto a cómo ha madurado nuestro sector”, señala Paul Birke, dueño de galería Die Ecke y presidente de AGAC.

“No sabemos de dónde salen esas cifras de público, que ciertamente no se notan durante los días de feria, mucho menos las 50 mil que dicen que fueron el año pasado. Las cifras deben ser registradas por una empresa externa especializada. Es fundamental profesionalizar la escena, trabajar con datos concretos y fidedignos, no podemos seguir dependiendo del boca a boca”, agrega Birke.

Luego de sus inicios en Vitacura, la feria apostó durante tres años por instalarse en el centro de Santiago con el lema de democratizar el arte. Sin embargo, las continuas críticas sobre la incómoda infraestructura y el difícil acceso a la Estación Mapocho, terminaron por desecharla como sede oficial. “El hecho de que haya cambiado al barrio Las Condes fue a raíz de un petitorio nuestro. El público se quejaba de que era lejos y peligroso de noche, teníamos problemas con la iluminación y calefacción, el año pasado estar en la feria era insoportable por el frío. En esta edición eso se solucionó, y tuvimos una mejor feria, con un público más reducido, pero que vino a mirar y comprar. Esperamos que puedan encontrar un lugar estable, ya que el de este año fue transitorio”, señala María Elena Comandari, galerista de Artespacio y secretaria de AGAC.

Aunque la Asociación de Galerías reconoce que sus miembros lograron finalizar el evento con números azules, a diferencia de 2015, las ventas sólo fueron para recuperar la inversión. Parte del problema, dicen, radica en el alto costo de los stands, que van -dependiendo del tamaño- entre los 5 y 7 millones de pesos, a lo que se suman gastos operacionales, y que sería desproporcionado para el nivel de compra que existe en Chile. “Tenemos que vender el doble, o sea $ 14 millones para recuperar lo gastado, porque además el 50% de las ventas se las entregamos a los artistas. Eso significa vender siete obras de $ 2 millones, pero el promedio de compra en Chile no supera esa cifra. No es sencillo, porque nuestro mercado es pequeño, pero estos costos están a un nivel internacional. Creemos que por lo menos debería costar la mitad un stand, o sea unos $ 2 millones 600 mil”, dice Birke. “Este año sólo la mitad de nuestros socios participó en la feria por el tema de los costos”, agrega. Artespacio, Die Ecke, Co galería, Isabel Aninat, Patricia Ready, Caballo Verde de Concepción son las galerías de AGAC que participaron este año, además de AFA, donde sus dueñas son también las directoras del evento.

Conflicto de intereses

Quizás el punto más problemático de resolver en las críticas a Ch.ACO es que las creadoras del evento, Elodie Fulton e Irene Abujatum, tienen además un stand para su galería y otro para FAVA, su fundación de arte sin fines de lucro. Consultados por este conflicto de intereses, los miembros de AGAC se muestran también preocupados. “Es algo de lo que se habla mucho, varios galeristas e invitados extranjeros nos han comentado el carácter provinciano de que las mismas personas a cargo de la feria posean también una galería dentro de ella. Es cierto que no hay otra fundación ligada a la filantropía a la que puedan pasarle esa responsabilidad ni tampoco hay otros que hayan querido hacerse cargo de la feria. Pensamos que no existe mala intención, pero sí es un punto que hay que resolver por el bien de la imagen del evento, y porque así tendríamos unas mejores anfitrionas de la feria”, plantea la directiva de AGAC.

Hace dos años, la Asociación de Galerías fue contactada por ProChile para que trabajaran en una marca sectorial y así posicionar el arte chileno en el extranjero, tal como se ha hecho con el vino (Wine of Chile) o el cine (Cinema Chile). El próximo 16 de noviembre se lanzará públicamente el nombre e imagen de la marca, en torno a la que ya proyectan viajes a ferias de arte dentro de la región. “Trabajamos junto al gremio de ACA (Asociación de Arte Contemporáneo), las editoriales Metales Pesados, D21 y por supuesto la Feria Ch.ACO. “Nuestra intención es mejorar la escena, profesionalizarla y convertirnos todos en partícipes de ella. Nuestras relaciones deben ir más allá de la competencia, para que a todos nos vaya bien”, afirma Birke.

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