Mischa Maisky, músico de origen letón: "Creo que debo ser el chelista más afortunado del mundo"

El gran instrumentista nacido en la ex Unión Soviética se presenta el lunes en el CA 660.

Su larga cabellera, su barba y su inconfundible collar le dan cierto aspecto de profeta oriental, aunque es probable que la única religión con la que comulgue sea la del violonchelo, el instrumento que toca desde los ocho años. Autodefinido como “ciudadano del mundo” y enemigo de cualquier dogmatismo ideológico, el músico de origen letón Mischa Maisky (Riga, 1948) es también un hombre de mente abierta a la hora de acercarse a su instrumento. Privilegia la entrega emocional a la perfección técnica y dice haber aprendido del director Leonard Bernstein que lo más importante en la música es “la comunicación con el público”. Considerado sucesor del gran chelista ruso Mstislav Rostropovich (uno de sus maestros), Maisky es una de las estrellas contemporáneas del instrumento de cuerdas, sólo superado por el estadounidense de origen chino Yo-Yo Ma. 

Este lunes 12, el chelista tocará por primera vez en Chile a las 20 horas en el teatro del Centro de las Artes CA 660 junto a los Solistas de Tel Aviv dirigidos por Barak Tal. La orquesta israelí se hará cargo de la Primera sinfonía de Ludwig van Beethoven (1770) y la Sinfonía Clásica de Sergei Prokofiev (1891-1953) y acompañará a Maisky en tres piezas: Nocturno en do menor de Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893), Kol Nidrei de Max Bruch (1838-1920) y el Primer concierto para chelo de Franz Joseph Haydn (1732-1809). El músico tiene una extensa discografía de 55 álbumes para Deutsche Grammophon y ha grabado junto a la Filarmónica de  Viena, de Israel y de Berlín, entre otras agrupaciones. 

“Todos sabemos que Haydn fue un gran compositor y de alguna manera ha sido subestimado en comparación a Mozart. Es común escuchar que Mozart era un genio y que Haydn sólo fue un buen músico, pero la verdad es que Haydn fue un genio a su propia manera, compuso muchísima música y toda de un gran nivel. El Primer concierto para chelo es una obra de juventud, cuando tenía 29 años, llena de mucha energía. A mí, particularmente, me vigoriza y me hace sentir con menos edad, a pesar de que ya tengo el cabello cano”, comenta Maisky al teléfono desde su hogar en Waterloo (Bélgica). 

¿Cuál es su relación con los Solistas de Tel Aviv?

En realidad es la primera vez que tocó con ellos, aunque sí he tenido la posibilidad de interpretar música con algunos de sus integrantes en Israel.  Sé que hay mucha gente joven entre ellos y creo que, en ese sentido, es la orquesta ideal para interpretar el Primer concierto para chelo de Haydn. Estoy acostumbrado a estar entre muchachos: tengo seis hijos. El menor tiene 18 meses, después viene uno de 3 años y medio, luego otro de siete años, después de 11 años y, antes, tuve dos más grandes. Es decir, estoy rodeado de juventud.

Usted empezó tocando con el gran director Leonard Bernstein (1918-1990), ¿Cómo fue esa experiencia?

Soy el chelista más afortunado del mundo. Sé que esto puede sonar  subjetivo, pero tengo  razones para decirlo. En mi juventud pude estudiar con dos de los más grandes, Mstislav Rostropovich y Gregor Piatigorsky, y luego estuve junto al gran chelista español Pablo Casals dos meses antes de su muerte, cuando tenía 97 años. Después he podido tocar con grandes intérpretes de música de cámara, entre ellos el pianista rumano Radu Lupu o la pianista argentina Martha Argerich. Por si fuera poco, toco hace 42 años un chelo Montagnana (un instrumento del siglo XVIII contemporáneo del  Stradivarius) y soy el único chelista que grabó los grandes conciertos para chelo (de Dvorak, Schumann y el doble para chelo y violín de Brahms) con el maestro Leonard Bernstein, quien no era sólo un gran músico, sino un intelectual con una pasión incontenible, incomparable. Dirigía cada concierto, sin importar la orquesta, con una entrega única, como si fuera el último de su vida. Eso hace la gran diferencia entre un buen músico de un gran artista: la capacidad de abrirse y llegar al corazón de quienes te escuchan. Esa capacidad de comunicación es única y Bernstein la tenía. 

Muchos músicos rusos que abandonaron el país dicen sentir nostalgia por su país. ¿No es su caso?

No. Siempre me he sentido un ciudadano del mundo. Nací en Riga, la capital de Letonia, cuando ésta era parte de la antigua Unión Soviética. Luego me eduque musicalmente en lo que hoy es Rusia, donde tuve una gran formación musical, pero después me radiqué en Israel. Actualmente vivo en Bélgica, en el centro de Europa. Toco un chelo italiano con un arco francés y cuerdas alemanas. Uso un auto japonés y siempre llevo un collar de la India. Si me preguntan dónde me siento en casa, creo que puedo decir que en cualquier parte donde se aprecie la música.  Estoy en contra de los patriotismos, pues son peligrosos.  No tengo nostalgia de Rusia, pero aprecio mucho su cultura, su literatura y tengo muchos amigos allá. Sin embargo, también pasé tiempos duros: durante mi juventud estuve en la cárcel, en campos de concentración y hasta un hospital mental. Esa experiencia es una inyección contra la nostalgia y al mismo tiempo es un aprendizaje para ver la vida de otra manera. 

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