Acciones Chilenas: Buen punto de entrada

Chile nuevamente muestra la virtud de verse más defensivo en un escenario global adverso, y al mismo tiempo, apalancado a una recuperación cíclica. Esta combinación se muestra como una opción atractiva para enfrentar el periodo que viene y un eventual cambio de paradigma.



En el mundo accionario, las crisis generalmente pasan por etapas bien marcadas: el desplome inicial, un rebote técnico, un re-testeo de los mínimos, la esperanza de una recuperación y finalmente la desesperanza donde llega la frustración y los inversionistas dejan de comprar acciones.

Hasta el momento, la crisis derivada de los contagios de COVID-19 ha seguido una dinámica similar, y podríamos decir que se encuentra actualmente en la etapa de la esperanza. Con un nivel de estímulo coordinado y sin precedentes, las autoridades a nivel global han buscado evitar que la crisis evolucione hacia una fase de desesperanza. Mientras tanto, las tasas bajas han ayudado a retomar la búsqueda por retorno hacia activos de mayor riesgo, lo que se ha extendido hacia la renta variable. Con muchos índices bursátiles en plena recuperación y las expectativas económicas al alza, hay varios participantes diciendo “esta vez puede ser distinto”.

Sin embargo, todavía hay razones para estar cauto. Primero, las expectativas económicas han subido mucho últimamente, lo deja poco espacio para sorpresas positivas. Segundo, los Bancos Centrales y gobiernos deben ser muy cuidadosos de no cometer errores en sus políticas de estímulo. Tercero, el impacto de COVID puede extenderse o transformarse en un fenómeno con dinámicas estacionales. Cuarto, el mundo puede entrar en un periodo de deflación y estancamiento prolongado, como consecuencia del alto nivel de deuda y apalancamiento de gobiernos y empresas. Quinto, la divergencia entre los denominados Wall Street —empresas y participantes del sector financiero— y Main Street —participantes del sector real de la economía— puede generar aún más desigualdad. Sexto, la guerra fría entre China y EEUU puede ampliarse en varias formas. Mientras que no haya más visibilidad sobre estos riesgos de cola, es difícil subirse con convicción al carro del optimismo.

No obstante, la ecuación de riesgo-beneficio para acciones chilenas ha ido mejorando últimamente. Por varios factores, el S&P IPSA ha sido uno de los índices bursátiles con peor rentabilidad a nivel mundial en los últimos 12 meses (-26% en USD al 31 de julio). Esto ha abierto un punto de entrada atractivo, con un ratio precio a valor libro cercano a una vez (1x) y un ratio precio a utilidad con su mayor descuento histórico relativo a otros mercados emergentes. Al mismo tiempo, su premio por riesgo se mantiene en niveles elevados.

Aunque hay todavía riesgos por el lado político, una buena parte estaría incorporada en las valorizaciones, especialmente en términos relativos; en relación a muchos de sus pares, Chile está mejor parado desde una perspectiva fiscal y monetaria para enfrentar una turbulencia adicional. Como consecuencia, hay espacio para sorpresas positivas a medida que el mercado comience a descartar escenarios más adversos.

Por otra parte, en el caso que se materialice una recuperación cíclica global y las tasas eventualmente empiecen a subir desde sus niveles mínimos, esto se debería traducir en un cambio de preferencias desde los factores de momentum, crecimiento y baja volatilidad, a factores como value y sectores cíclicos. Tal transición favorecería a los mercados emergentes y sus monedas, especialmente a mercados vinculados a commodities.

Recogiendo estos argumentos, Chile nuevamente muestra la virtud de verse más defensivo en un escenario global adverso, y al mismo tiempo, apalancado a una recuperación cíclica. Esta combinación se muestra como una opción atractiva para enfrentar el periodo que viene y un eventual cambio de paradigma.

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