Alianza del Pacífico: nostalgia no es estrategia
Esta semana, en Bogotá, se realizará la XII Cumbre del Consejo Empresarial de la Alianza del Pacífico (CEAP), instancia que reúne al sector privado de Chile, Colombia, México y Perú. En un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, fragmentación comercial y una creciente competencia estratégica entre bloques, la pregunta es si la Alianza del Pacífico sabrá identificar su oportunidad en la actual coyuntura, o la dejará pasar.
La Alianza del Pacífico demostró que una integración profunda es posible cuando existe una visión compartida, reglas claras y una estrecha colaboración público-privada, más allá de las diferencias políticas de sus gobiernos. A diferencia de otros esfuerzos regionales que han quedado atrapados en declaraciones políticas, la Alianza se construyó sobre resultados concretos: la liberalización del 92% del comercio de bienes y avances en facilitación del comercio y movilidad de personas. Estos logros han contribuido a generar mayor escala, eficiencia y certidumbre, pero también generó un inédito interés de la comunidad internacional, con más de 60 países observadores y el interés de integrarse de distintos países de la región y de otros tantos por asociarse.
En este proceso, el rol del sector privado ha sido central. Sin ir más lejos, la incorporación del tema de la seguridad en la agenda se concreta por primera vez en la creación de un inédito grupo de trabajo Seguridad y Comercio, durante la presidencia de Chile del CEAP el 2024 por la presidenta de Sofofa, Rosario Navarro.
La cumbre de esta semana en Bogotá ofrece una oportunidad relevante en ese sentido. En momentos en que algunos cuestionan la viabilidad de los esquemas de integración abiertos, el sector privado reafirma que la Alianza del Pacífico debe retomar su espacio para formular una integración pragmática, menos declarativa y más orientada a generar inversión, productividad y empleo, sobre todo en sectores estratégicos y emergentes como minerales críticos y economía digital.
La Alianza ofrece una plataforma probada y concreta de cómo coordinar políticas, reducir barreras y generar confianza entre países. Y en tiempos de incertidumbre, también se convierte en una herramienta para, desde la región, ganar estatura y resiliencia. A fin de cuentas, ella representa unida a la octava economía del mundo.
En el pasado, las cumbres empresariales de este bloque se realizaban en el contexto de cumbres presidenciales y ello se debe recuperar. La cumbre empresarial en Bogotá es una oportunidad para reafirmar ese camino pero, parafraseando al Primer Ministro canadiense en Davos, nostalgia no es estrategia, y no basta recordar que la Alianza del Pacífico fue una de las experiencias de integración más serias, pragmáticas y con mayor potencial económico de América. Corresponde mirar más alto y reconocer como una verdadera necesidad el reaccionar conjuntamente frente a la realidad actual de fragmentación global para no quedar “fuera de la mesa”.
Por Rodrigo Yáñez, secretario general de Sofofa
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