Cárceles como playas



SEÑOR DIRECTOR

Joaquín Lavín, comparando a las cárceles con una playa, propuso que las personas encarceladas no tengan derecho a visitas conyugales y cuenten solo con una hora de patio al día. Así, se suma a quienes buscan endurecer penas y reclaman que las cárceles son “hoteles para delincuentes”.

Además de incumplir los más básicos estándares internacionales de respeto de los DD.HH., este planteamiento revela un profundo desconocimiento de la realidad nacional: muchas de nuestras cárceles presentan niveles de hacinamiento intolerables, otras no cuentan con agua potable permanente, más de la mitad no tienen cama propia, entre otras condiciones inhumanas. A ello se suman las dificultades que enfrentan algunos grupos en situación de vulnerabilidad, como mujeres, minorías étnicas, migrantes, personas en situación de discapacidad, LGBTIQ+, entre otros.

Propuestas como estas no solo privarían a las personas de derechos básicos, sino también importarían un grave trastorno al orden interno de los establecimientos.

Es imprescindible que quienes aspiran a liderar nuestro país recuerden que estas personas no han perdido el derecho a vivir en condiciones dignas y adecuadas. La privación de libertad no puede significar un despojo de la condición humana.

Javiera Canessa Cordero

Iván Fuenzalida Suárez

Catalina Fernández Carter

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