Cautela frente a cifras de crecimiento

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El mejor desempeño relativo de los últimos meses no es suficiente para obviar lo exiguo de este rendimiento económico, y el coronavirus puede tener impactos significativos en la actividad económica mundial.



La actividad económica de enero sorprendió favorablemente al mercado. El crecimiento interanual de 1,5%, estuvo por sobre el consenso que anticipaba una expansión de 1% o menos. Este mejor desempeño se suma al de diciembre, mes en que el Imacec también estuvo por sobre las expectativas. Febrero podría dar una nueva sorpresa, ya que con un día más -por ser año bisiesto- y una baja base de comparación la actividad bien podría crecer por sobre el 2%.

El sector minero ha sido uno de los que ha mostrado mayor resiliencia después del estallido social. En diciembre anotó un crecimiento interanual de 3,7%, mientras que en enero se expandió 2,2%, impulsando en ambos meses la actividad general.

Sin embargo, lo prudente sería mantener la cautela respecto a la real capacidad de crecimiento de la economía este 2020. En primer lugar, el mejor desempeño relativo de los últimos meses no es suficiente para obviar lo exiguo de este rendimiento económico -en particular desde octubre-, ritmo que en cualquier otro momento del tiempo habría sido motivo de una profunda preocupación. Por otro lado, el Imacec en enero recién retomó el nivel que exhibía previo al estallido social, lo que implica que desde septiembre del año pasado la economía ha estado virtualmente estancada.

Otro motivo de preocupación es el frente externo. El coronavirus puede tener impactos significativos en la actividad económica mundial, como bien lo refleja la rebaja que han tenido las expectativas de crecimiento de China y otras economías desarrolladas. En esta línea, el FMI acaba de recortar sus proyecciones para el crecimiento mundial de 2020, señalando que el desempeño económico previsto para este año puede estar por debajo del 2,9% del año pasado, no descartando un efecto aún mayor.

Esta caída en la demanda global, ha afectado el precio de los commodities y, en particular, el del cobre que ha retrocedido 10% desde mediados de enero. Lo anterior, sumado al menor apetito por riesgo de los inversionistas a nivel mundial, ha generado una fuerte depreciación del peso en relación al dólar, lo que en el corto plazo tiene efectos contractivos sobre la actividad local.

¿Cuánto espacio hay para políticas expansivas que apuntalen la economía en caso de recesión? No mucho. La política fiscal, después de las concesiones de Hacienda para apaciguar los efectos de la crisis social, se encuentra completamente acotada y la política monetaria, pese a tener algo de margen de maniobra -algunos analistas apuestan por una rebaja de 75 puntos base de la TPM-, puede ser insuficiente en caso de empeorar el panorama externo.

Sin estas herramientas, el gobierno debería haberse jugado por una agenda que reponga las confianzas en el sector privado. Es lamentable constatar que un ambiente de alta incertidumbre asociada al proceso constituyente y problemas serios en el manejo del orden público hace completamente infructuoso cualquier esfuerzo de la actual administración por atraer inversiones o apuntalar el consumo privado.


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