Columna de Ascanio Cavallo: El año de las carambolas

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Los resultados de anoche sólo han sido sorpresivos para los que obstinada y un poco cínicamente despreciaban las encuestas. Hasta hace menos de tres meses, José Antonio Kast aparecía con menos del 5% de las intenciones de voto. Pero en el intertanto sucedió una cascada de pequeños incidentes que fueron configurando un escenario de creciente polarización. En particular, el esfuerzo por celebrar el aniversario del 18 de octubre y darle el estatus de una efeméride, produjo un quiebre decisivo en lo que registraban las muestras de opinión. Por eso era importante prestarles oído. Kast subió como espuma en ese momento, mientras Gabriel Boric no capitalizaba nada importante de aquel gesto. Es posible que, al revés, se le creara en ese momento el techo que se mostró ayer, tan parecido a lo que lo llevó a triunfar en las primarias del Frente Amplio más el PC.

Los resultados de las cuatro elecciones sugieren que la tesis de que Chile vive una fase de “contraestallido” tiene bastante base empírica. Y, si es así, entonces la interpretación del “estallido” vuelve a ponerse en discusión: el país no vivió ese momento como lo han creído intelectuales y dirigentes de izquierda. Nada peor en política que leer los hechos con los anteojos oscurecidos por el entusiasmo o la exaltación.

La votación de Boric, duramente criticado en su momento por firmar el acuerdo constitucional, revela que esa solitaria decisión tenía más respaldo popular que lo que creen sus propios seguidores. A fin de cuentas, ha obtenido un estrecho segundo lugar, probablemente mucho más alto que el que hubiese conseguido si actuaba como le pedían los socios más radicalizados.

La derechización de la derecha -reflejada en el acelerado hundimiento de la candidatura oficialista- iba a ser un resultado inevitable de la izquierdización de la izquierda: eso se llama dialéctica política y es un fenómeno identificado hace más de un siglo. En esta primera vuelta, ese proceso vació el centro político, un sector que no llegó en ningún momento a identificar las pulsiones que se estaban generando entre los votantes. Yasna Provoste y Sebastián Sichel quedaron atrapados en sus ambigüedades y hasta fueron superados por un candidato antipolítico, antipartidos y, por si fuera poco, ausente. Aunque parezca increíble, Parisi se llevó la votación que alguna vez perteneció al centro. (Las encuestas también mostraron que el público lo identificaba como el candidato más cercano al 3,08 que identifica al centro en una escala de 1 a 5. El otro era Marco Enríquez-Ominami).

Sin embargo, anoche concluyó una elección presidencial y hoy comienza la campaña de otra, que tiene poco que ver con la de ayer. Dos incógnitas la presiden. Uno: ¿votará más gente, dado el encarnizamiento de la contienda, como ocurrió el 2017 con Piñera y Guillier? Dos: ¿cómo se distribuirían los votantes de los cinco candidatos derrotados? Las elecciones de 2017 demostraron que el traspaso de votos no es mecánico ni sigue las reglas del llamado sentido común, ni tampoco obedece a los llamados de los candidatos perdedores.

La campaña de segunda vuelta tendría que limar las aristas más filosas de los programas de Kast y Boric. De otro modo es muy difícil que logren la tarea titánica de agregarse más de 20 puntos para conseguir la mayoría. El “extraño fenómeno” que estaba viendo la prensa internacional se ha vuelto aún más raro, pero la elección la ganará quien logre disipar mejor esa extrañeza que evidentemente han compartido los electores. Kast tendrá que sacarse de encima el mote de “fascista” y Boric, liberarse del de “comunista”. Con esos cartabones no llegan a ningún lado.

Conviene prestar atención al hecho de que la derecha no sólo obtuvo un resultado triunfal en la primera ronda presidencial, sino también en el Congreso, donde sus fuerzas superarían el 40% en las dos cámaras. Y como este es el año las carambolas, ambas cosas tendrán que producir un efecto en la Convención Constitucional, donde imperan ampliamente las fuerzas más opuestas a Kast. Algunas de las expectativas más radicales tendrán que ceder paso a un grado de moderación, un desplazamiento que, según algunos convencionales, ya se venía produciendo sin mucha visibilidad. La elección de una nueva mesa directiva, en enero, ha adquirido un nuevo significado.

Por ahora, la única conclusión segura es que finalmente se ha producido el reordenamiento político que tantas veces se ha anunciado. Hace menos de un año nadie habría dicho que, en vez de los cinco derrotados, serían Kast y Boric los que pasarían a segunda vuelta.

Y ahí están.

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