Columna de Jaime Bellolio: Cooperación o confrontación



Comienza diciembre y con ello la preocupación del fin de año, y la idea del próximo. Diversos estudios muestran que para las familias chilenas el día a día es lo primordial, sus problemas de la vida cotidiana son lo urgente e importante, y que el futuro se proyecta a no más de tres meses.

De allí que las principales demandas hacia el sistema político sean sobre seguridad, como el temor frente al delito y el aumento de la violencia, la planificación familiar en términos de transporte, colegios, vacaciones, entre otras. El trabajo como fuente de reducción de los vaivenes contingentes y de protección ante el aumento del costo de la vida y eventuales problemas.

Este futuro de tan breve plazo permea decisiones familiares, pero también económicas y políticas. Y particularmente para la política, esto genera un gran problema: si no hay mañana, es mejor la confrontación que la cooperación. De allí también se sigue la inmediatez de la comunicación -desde el tuit, la extravagancia, a la exageración y el show- que reduce la capacidad de diálogo y acuerdo.

Pero debemos agregar otro elemento que potencia la confrontación: el problema de la gobernabilidad, como consecuencia de una fragmentación partidaria y de la política identitaria radicalizada.

Es bastante transversal el diagnóstico que el nudo gordiano de la cuestión constitucional radica en el sistema político, el debilitamiento de los partidos, el sistema electoral que alienta el discurso de nicho y radicalizado y su consiguiente atomización, que solo por poner un ejemplo, significa la existencia de 19 partidos en el Congreso y 10 en formación.

Todo lo anterior va íntimamente relacionado con nuestro problema constitucional, que no se agotó luego del contundente triunfo del Rechazo el 4 de septiembre. No, allí fue derrotado el octubrismo, la justificación de la violencia, las ideas maximalistas de la izquierda sin sentido de realidad, la lógica absolutista y canceladora. Mas no se han acabado las graves fisuras de nuestra actual Constitución, que deben poder repararse para generar ese pacto social que derive en un largo tiempo de vida en común, bajo reglas compartidas.

Es decir, se necesita atender lo urgente de la vida cotidiana -seguridad, inflación, trabajo y salud-, pero también lo importante de largo plazo, sin las utopías, extremismos y grandilocuencias del pasado reciente, dotándonos de una nueva Constitución.

El mecanismo que debiera acordarse próximamente es muy relevante para este objetivo. Especialmente para que permita dotarnos de un sistema político que favorezca la cooperación y gobernabilidad. Una manera de hacerlo es eliminando los pactos electorales y disminuyendo el número de electos por distritos, fomentando así la fusión de partidos y una mayor exigencia de representación mínima en elecciones. Esto significaría un reordenamiento profundo de los actuales partidos.

Ojalá que el frenesí de diciembre nos permita lo urgente y lo importante, partiendo un nuevo año, sin hoja en blanco.

Por Jaime Bellolio, ingeniero comercial

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