El claro mensaje que envió el electorado

Los resultados de ayer son una clara derrota para los sectores que conciben que la única dirección posible para el país es embarcarse en reformas radicales. Los electores han enviado una clara señal: los cambios deben ser con estabilidad.



A partir de los resultados de la jornada electoral que ayer vivió al país -donde los triunfadores han sido José Antonio Kast (27,9%) y Gabriel Boric (25,8%)-, se ha abierto un nuevo escenario político en el país, cuya señal más evidente es que el electorado se ha pronunciado con fuerza en favor de recuperar mayores grados de estabilidad y orden, claves que no podrán ser eludidas en las campañas de cara a la segunda vuelta, así como en la discusión constitucional que se desarrolla en paralelo.

Las encuestas lograron esta vez anticipar con bastante exactitud que los abanderados de las dos coaliciones que han gobernado el país en las últimas décadas -Chile Podemos Más y Nuevo Pacto Social- no estarían dentro de las dos primeras mayorías, algo que no sucedía desde 1990. Todavía más decidor es que Sebastián Sichel y Yasna Provoste hayan sido superados por Franco Parisi, quien a pesar de ser un candidato ausente y cuestionado por el no pago de pensión alimenticia, a punta de un discurso populista logró conquistar el tercer lugar (12,8%), además de instalar a seis diputados representantes del Partido de la Gente. Esto debe resultar sobre todo desolador para la centroizquierda -que terminó quinta-, la cual por décadas fue la fuerza dominante, pero que inexplicablemente en el último tiempo ha terminado diluyéndose en desmedro de sectores más extremos.

Los resultados de la jornada de ayer han golpeado sobre todo a Gabriel Boric y a los partidos y movimientos que sustentan su candidatura. Boric había llegado a esta competencia revestido de un sólido triunfo en las primarias de julio, superando ampliamente al abanderado del Partido Comunista. Para quien aparecía como un candidato incombustible, sobre todo por el amplio apoyo que había logrado en los votantes más jóvenes, constituye un duro golpe que haya sido derrotado por un candidato asociado por sus detractores a la extrema derecha, pero es también llamativo que en estos meses Boric haya logrado un escaso crecimiento entre los electores, pues su votación de ayer no difiere sustantivamente de la que obtuvo en primarias, sumando además la votación de Jadue.

La candidatura de Boric asumió sin mayor cuestionamiento que el escenario de convulsión generado tras el estallido social, así como el apabullante resultado que las fuerzas más extremas de la izquierda obtuvieron en la Convención Constitucional, configuraban un cuadro proclive a cambios radicales, sin espacio para miradas más centristas o graduales. Pero los resultados de ayer distan mucho de corresponder a un país supuestamente inclinado a los cambios drásticos. Esa “ola” no resultó triunfadora, y ante esas señales se esperaría algún tipo de replanteamiento programático por parte de Apruebo Dignidad, lo que en todo caso no es seguro que ocurra, pues partidos como el PPD o el PS se han plegado a la candidatura de Boric sin mayores condiciones, en tanto que solo un sector de la DC mostró cierta cautela, reflejado en la voz de su presidenta, quien señaló que la Falange no daría “un cheque en blanco”.

No cabe duda de que una parte importante de la ciudadanía sintonizó en una primera etapa con el clima que generó el estallido social, y apoyó la idea de introducir cambios profundos a través de una nueva Constitución. Pero ahora que se percibe un deterioro preocupante en la economía, y se observa cada vez más saturación con la violencia y el vandalismo, el electorado parece expresar que aspira a un país que, junto con cambios, ofrezca también mayor estabilidad, lo que cambia fuertemente el eje de la discusión política, que parecía ir en una sola dirección. Estas señales no solo deberían recogerse en un eventual gobierno de Apruebo Dignidad, sino que la Convención Constitucional también debería tomar nota de ello. Es un hecho que en su interior hay sectores que siguen promoviendo una suerte de refundación, excluyendo visiones más moderadas. A partir de ayer hay un llamado de atención, relevando la importancia de que la Convención oriente bien su trabajo -ello debe traducirse en una Constitución que una a los chilenos, y asegure la estabilidad-, porque de lo contrario existe el riesgo de que la mayoría no valide su quehacer, frustrando la expectativa de dejar atrás las divisiones que genera el tema constitucional.

Esta señal por una mayor moderación queda también reflejada en la composición del Congreso, pues ninguna fuerza logró el control total, y por tanto cualquiera sea el gobierno que llegue necesariamente deberá sentarse a consensuar sus reformas, lo que para el país desde ya es una señal valiosa. En la Cámara de Diputados, toda la izquierda más la DC podrían conseguir la mayoría simple, pero en cambio no disponen de votos suficientes para reformas que requieran de quórums más exigentes -esto por de pronto echa por tierra la pretensión de algunos de que el nuevo Congreso pudiera ser caja de resonancia de aquellos sectores más extremos de la Convención-, siendo una incógnita el rumbo que tomará el bloque que representa el Partido de la Gente, que a pesar de no ser numeroso, podría ser decisorio en votaciones estrechas.

Así como la izquierda no obtuvo el resultado que esperaba, como contrapartida la derecha logró un resultado mejor de lo que ella misma anticipaba. Desde luego, no solo porque Kast logró pasar al balotaje con la primera mayoría -abriendo una chance de conquistar la presidencia-, sino porque en el Congreso logró mantener un peso importante. Entre Chile Podemos Más y el Partido Republicano lograron instalar 68 diputados, que si bien supone cuatro menos respecto de los que el sector tiene actualmente, está lejos del adverso escenario que algunos habían pronosticado. Muy decidor es que en el Senado la derecha incluso logró aumentar su presencia, conquistando la mitad de los escaños. El gran desafío del sector será ahora confluir en un programa que permita congregar a la mayoría de la centroderecha, una tarea que se anticipa será compleja en algunas materias que han sido foco de división.

Pese a que hay dos claros triunfadores, la segunda vuelta sigue estando abierta, y desde ya se anticipa una disputa voto a voto, tal como ocurrió con la elección Lagos-Lavín. Ninguno de los dos abanderados superó el 30%, por lo que hay un amplio terreno donde salir a conquistar votos, y el que la participación electoral estuviera por debajo del 50%, es señal de que más que apelar a un electorado polarizado, lo razonable es sintonizar con los mensajes expresados en las urnas.

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