El difícil camino del “apruebo para reformar”

Los fuertes desacuerdos al interior del oficialismo sobre cuáles deberían ser las reformas al nuevo texto constitucional hacen difícil que se logre una propuesta creíble ante la ciudadanía.



Cuando resta solo un mes para el plebiscito, y la opción Apruebo aparentemente sigue sin repuntar lo suficiente, el gobierno ha decidido salir a jugar a la ofensiva, con dos líneas muy claras: un intervencionismo electoral desenfadado, y hacer suya la tesis del “apruebo para reformar”.

En momentos en que resulta fundamental una campaña que apunte al voto informado, la publicidad impulsada desde La Moneda insiste en no poner el acento en aspectos medulares, como por ejemplo llamar a la gente a votar, o recordar que el sufragio esta vez será obligatorio; en cambio, ha desplegado piezas publicitarias en que se desmienten supuestos “fake news”, como por ejemplo que la nueva Constitución buscaría terminar con el himno nacional, todo lo cual no hace sino abanderizarse con una de las posturas en juego y abandonar la prescindencia, con el propio Mandatario asumiendo en los hechos como jefe de campaña del Apruebo. A la par, se han seguido multiplicando las denuncias de entidades públicas que aprovechan sus instalaciones para difundir ideas en favor del Apruebo, todo esto mientras se sigue a la espera de que la Contraloría se pronuncie sobre la investigación que abrió para dilucidar si La Moneda ha vulnerado los instructivos sobre buen uso de los recursos públicos, algo que ya parece evidente a todas luces.

Esta semana el Presidente Gabriel Boric también decidió abrazar la postura de que antes del plebiscito las fuerzas oficialistas deben ser capaces de consensuar una serie de propuestas de reformas a la nueva Constitución, porque de esa forma se daría viabilidad a la tesis del “apruebo para reformar”. Esto luego de que el propio Mandatario había planteado inicialmente que las eventuales reformas deberían definirse una vez que triunfara el Apruebo. Este zigzagueo, más que a convicciones íntimas, parece responder al vaivén de las encuestas, lo que parece confirmar que el apoyo al nuevo texto se ha convertido en algo ante todo táctico, que incluso justificaría utilizar el aparataje del Estado.

La débil posición en que se encuentran dos ministros clave del gabinete -la titular de Interior, y el Secretario General de la Presidencia-, que han visto hundirse su liderazgo ante la imprevisión y falta de manejo político, ha obligado a que sea el propio Jefe de Estado quien esté liderando las tratativas para alcanzar un acuerdo constitucional que congregue a Apruebo Dignidad y al Socialismo Democrático. Al ser Boric quien está encabezando estas conversaciones, su liderazgo como jefe de gobierno se está poniendo a prueba, y es evidente que si no logra articular a sus propias fuerzas, es su figura política la que quedaría muy debilitada.

La tarea, sin embargo, se ve particularmente compleja, porque es evidente que hasta el momento hay profundos desacuerdos en el sector respecto del alcance y profundidad de las reformas. Mientras el Socialismo Democrático ha hecho ver que es necesario asegurar mejor la independencia de los tribunales, reponer el estado de emergencia y revisar la iniciativa de gasto que tendrá el futuro Congreso de Diputadas y Diputados, entre otros aspectos, el PC se ha mostrado reticente -su presidente ha señalado que hasta aquí “hay tres o cuatro puntos en los que tendríamos acuerdo”- y el Frente Amplio ha apostado por centrarse en las normas de implementación del texto.

El reconocimiento de que debe establecerse un camino de reformas si gana el Apruebo deja de manifiesto las debilidades del texto propuesto por la Convención, y para que esta batería de cambios haga sentido al electorado necesariamente debe apuntar a aspectos que forman parte del “corazón” de la propuesta, donde entre otros se cuenta la plurinacionalidad, la forma en que se establecerán las autonomías indígenas y sus sistemas de justicia; el diseño del Poder Legislativo y Ejecutivo -lo que pasa por devolver el rol de contrapeso al Senado y revisar algunas de las nuevas facultades de los diputados-, y reformar la configuración del nuevo sistema de justicia nacional.

Para el país sería beneficioso que así como el Rechazo ha definido un camino de cambios constitucionales en caso de triunfar, el Apruebo también trace su propio camino de reformas, considerando el escaso apoyo que despierta el articulado tal cual fue propuesto por la Convención. Lograr dar con una propuesta creíble en el oficialismo en la antesala del plebiscito se ve una tarea muy exigente, porque deberá abrirse a recoger visiones que en el debate constituyente fueron expresamente excluidas, anticipando también las dificultades que habrá para su implementación. Es un momento sin duda decisivo para el gobierno, siendo incierto si logrará salir airoso.

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