El drama de Afganistán



SEÑOR DIRECTOR

El colapso institucional y militar afgano frente al avance de los talibanes es un fracaso de la política exterior de EE.UU. y afecta también la credibilidad de la OTAN y de Occidente.

La fuga del Presidente Ashraf Ghani agravó un caótico desenlace y afectó la moral de las fuerzas afganas que no tuvieron la convicción de enfrentar la invasión talibán y se rindieron en la mayoría de las provincias, incluyendo Kabul, sin resistencia. Las escenas de desesperación de cientos de personas invadiendo la pista del aeropuerto hacen recordar la caída de Saigón en 1975 y la caótica retirada norteamericana y el triunfo del Vietcong. Los intentos americanos de establecer la democracia en países que no la conocen y que tienen otra cosmovisión cultural y religiosa han resultado un fracaso.

La invasión a Afganistán se prolongó por 20 años, desde el atentado a las Torres Gemelas en 2001. Las FF.AA. norteamericanas entrenaron al ejército afgano, con la provisión de moderno armamento y equipos, con un costo US$ 83.000 millones; 2.448 soldados norteamericanos cayeron en combate y el costo total de la guerra más larga de EE.UU. ascendió a US$ 2,2 billones.

Afganistán ha sido un país difícil de dominar: los ingleses no pudieron invadirla y los soviéticos fracasaron en la década de los 80, y después de 10 años se retiraron con humillación.

Los líderes afganos han anunciado una amnistía general y evitar la violencia. Naciones Unidas tiene un rol fundamental para promover una solución negociada para una transición pacífica en la formación del nuevo gobierno que respete los derechos humanos y las libertades ganadas por las mujeres en las últimas décadas, y evitar la imposición estricta de la ley islámica (la Sharia) con actos crueles y degradantes que importan una interpretación distorsionada del Islam.

Nelson Hadad Heresy

Profesor de Relaciones Internacionales y exembajador de Chile

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