Opinión

El incierto futuro de los actores de cine

La llegada de las películas sonoras fue controversial. Obligó a actores que estaban acostumbrados a comunicar sus emociones a través de gestos y lenguaje corporal a incorporar una nueva herramienta de trabajo: la voz. No todos pudieron adaptarse. Los que tenían voces excesivamente agudas, o hablaban inglés con un acento extranjero muy marcado, fracasaron en la transición. El caso más trágico fue el de Karl Dane. Su inglés con un fuerte acento danés fue demasiado para el público norteamericano. Despedido, y después de una larga secuencia de empleos menores, terminó vendiendo hot dogs en la puerta del mismo estudio que lo había tratado como una estrella.

El festival de cine de Tribeca—creado por Robert de Niro y unos socios para impulsar la recuperación del barrio neoyorquino del mismo nombre después del atentado a las torres gemelas—hoy es centro de una controversia también relacionada con tecnología. La controversia está relacionada con la película Dreams of Violets, que fue creada íntegramente con IA—es decir, sin actores, sin un director (en el sentido tradicional del rol), sin maquilladores ni diseñadores de vestuario, y sin haber construido ni usado ningún set de filmación. No solo se ha cuestionado la aceptación de la película en el festival; los puristas han alegado que ni siquiera se le puede llamar legítimamente película.

Sin embargo, más allá de la cuestión existencial, en mi opinión, Dreams of Violets sugiere un dilema más profundo: ¿serán los actores necesarios en el futuro? ¿Qué sentido tiene contratar a un ser humano (que puede costar millones de dólares y ser una prima donna que viene con todo tipo de exigencias absurdas) cuando uno puede crear imágenes igual de vívidas y cargadas de emoción y profundidad con IA?

El director Billy Wilder obligó a Marilyn Monroe a repetir 80 veces la frase “Where’s that bourbon? en la filmación de Una Eva y dos Adanes. Con IA podría haber probado miles de combinaciones de expresión facial y tono de voz sin problema hasta lograr el efecto deseado.

Robert Downey Jr. recibió diez millones de dólares por una actuación de solo ocho minutos en una de las películas del Hombre Araña. Dreams of Violets costó solo dos mil dólares. Evidentemente, las demandas económicas de las estrellas de cine están entrando en un terreno precario. De cualquier manera, no estoy seguro de que vender hot dogs sea un buen plan B para Robert Downey Jr., Julia Roberts o Tom Cruise si se les complica el panorama. Robbie The Robot (diseñado con IA por la firma VeloxAlpha) no solo prepara hot dogs, también es capaz de venderlos.

*El autor de la columna es investigador principal en Clapes UC

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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