El pensamiento mágico y sus consecuencias
Está finalizando un gobierno que, en general, ha fracasado en lograr sus objetivos de política pública. Es importante detenerse en meditar a qué se debe ello, porque nos permite deducir lecciones que tienen validez más allá de este gobierno.
Un buen comienzo para desentrañar este problema es el muy buen libro de Daniel Mansuy, “Los inocentes al poder”. La aspiración a la inocencia a la que Mansuy se refiere y que describe con detalle en su libro, en el campo de la política pública se ha reflejado lo que se llama “pensamiento mágico” o “voluntarismo”.
¿Qué es el pensamiento mágico? Es la creencia de que los pensamientos, palabras o deseos propios pueden influir directamente en el mundo. Esto conduce a tomar decisiones en base a los propios deseos respecto a cómo es la realidad, olvidándose de lo que la ciencia pueda decir al respecto y por lo tanto sin tomar en cuenta los límites que la realidad misma le impone a la acción. No hay en aquellos que ejercen el pensamiento mágico ninguna explicación de cuál es la conexión lógica que explica por qué esos pensamientos o esas intenciones cambiarán el mundo y lograrán los objetivos.
De hecho, el pensamiento mágico es la base de las supersticiones. La idea de que “tocar madera” hará que algo pase (o que no pase). O la idea de que, si se pide un deseo en determinadas circunstancias, este se cumplirá. En resumen, dicho pensamiento se basa en creencias irracionales: creencias que le atribuyen causas y efectos a eventos que no tienen relación.
Tanto en el programa del Frente Amplio, como en declaraciones de sus dirigentes, como en las acciones que desplegaron, se observa esta tendencia a creer que basta con desearlo para que la realidad se moldee a lo que uno quiere. En esto se ve que el pensamiento mágico es una versión, quizás extrema, de lo que se conoce como voluntarismo. El voluntarismo es la creencia de que la realidad es maleable a la voluntad; la creencia de que algo va a pasar principalmente porque lo deseamos, y en ello el rol de la técnica o de la ciencia es menor o inexistente. Es por ello por lo que, como dice Mansuy en su libro, el programa del FA tenía muchos objetivos (fines) y muy poca discusión de las políticas necesarias para lograrlo (medios). Aquellos que ejercen el pensamiento mágico no creen que sea necesario pensar en los medios.
El pensamiento mágico y el voluntarismo se montan sobre un rechazo a tomar nota de la realidad: es la creencia de que el mundo es como yo pienso que debe ser, y no como realmente es. Es la negación de la técnica y de la ciencia como interfaz para entender y para habilitarnos a mejorar el mundo. No tiene otro destino que fracasar, y el gobierno que termina es una demostración clara de ello.
Por Claudio Sapelli, Faro UDD
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