El presupuesto que se contó solo
El miércoles 30 de septiembre, el Presidente Kast presentó en cadena nacional su primer presupuesto. Lo ordenó en cuatro urgencias, empleo, seguridad, niñez y beneficios sociales, y aseguró que ninguno de los beneficios que garantiza la ley se tocaba. Ese mismo día, el ministro Quiroz entregó el proyecto en el Congreso en un maletín cerrado con candado, y el detalle se conoció recién el lunes siguiente.
Una semana después, de esa cadena queda poco de la anécdota. Lo que se discute es Yo Elijo mi PC, los Liceos Bicentenario, Prodemu, la Ley Ricarte Soto, Cultura y el recorte a las regiones. Según las encuestas, casi la mitad de quienes vieron la cadena la evaluó mal.
Un gobierno tiene todo el derecho a fijar sus prioridades, y uno puede no estar de acuerdo con ellas. Lo que no puede faltar es la pericia y la fuerza para defenderlas. Entre el anuncio y el detalle hubo cinco días en que nadie explicó el presupuesto, y los recortes se fueron conociendo de a poco, sin contexto. Así se instaló la lectura más simple: que se estaban recortando derechos sociales. El Presidente salió después a decir que era muy fácil acusar eso, y es cierto; por lo mismo, había que adelantarse.
Y el gobierno sabía dónde le iba a doler. En abril, el Oficio 16 de Hacienda, que sugería descontinuar 142 programas, ya había provocado una tormenta. Seis meses después, temas igual de sensibles aparecieron sin que nadie tuviera preparado cómo explicarlos. Los ministerios, que conocen sus programas y tienen la evidencia de por qué se ajustan, llegaron tarde: la ministra de Educación explicó que el programa de computadores no mostraba impacto en aprendizaje cuando el debate ya estaba instalado, y después de que el ministro de Hacienda reconociera en la radio que no recordaba ese programa en particular.
El costo lo está pagando el propio oficialismo. Que el senador Javier Macaya tenga que pedirle públicamente empatía al ministro de Hacienda, porque “en Chile hay dolores, particularmente en regiones”, muestra lo incómodo de su posición. Hasta el presidente de la Cámara, de su propio sector, salió a decir que un computador no es un lujo. Lo mismo pasa con el recorte a los gobiernos regionales: si no se conversa antes con los gobernadores, ¿cómo pueden los cercanos al gobierno defenderlo ante sus electores? Y lo mismo con los alcaldes de su sector, varios de los cuales ya pidieron reponer los computadores.
O se trata de una estrategia muy difícil de entender, o es la muestra de que un equipo muy eficiente en la comunicación de campaña se quedó chico en la comunicación de gobierno. Otra vez, gobernar no era tan sencillo. Informar a tiempo, identificar lo sensible y preparar a quienes van a dar la cara es parte de la tarea de cualquier gobierno. Y el discurso de campaña, ese que prometía no tocar los programas sociales, no está crujiendo: sencillamente desapareció.
Por Tatiana Kilma, socia directora Criteria Comunicaciones.
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