Opinión

Elecciones en Brasil: algunas enseñanzas

(261004) -- BRASILIA, 4 octubre, 2026 (Xinhua) -- Una persona se dirige a emitir su voto en un centro de votación durante las elecciones presidenciales, en Brasilia, Brasil, el 4 de octubre de 2026. La votación de las elecciones presidenciales de Brasil de 2026 comenzó oficialmente a las 08:00 hora local (11:00 GMT) del domingo, y los centros de votación de todo el país tienen previsto cerrar a las 17:00 hora local (08:00 GMT). (Xinhua/Lucio Tavora) (lt) (rtg) (ah) (ce) (dp) [e]LUCIO TAVORA

Por lejos Lula tiene los mejores merecimientos: trayectoria, lucidez, resiliencia, proyección internacional. Pero, parecen no bastar. Las elecciones no se reducen a confrontaciones entre biografías. Se resuelven por emociones, percepciones y también por broncas y frustraciones acumuladas.

Los resultados del 5 de octubre no son tan sorpresivos. El ascenso de Bolsonaro se veía venir. La inseguridad frente al crimen organizado es un caballo electoral imbatible en los tiempos que corren. Conscientes de que los miedos movilizan más que la esperanzas, las extremas derechas han construido un libreto hasta ahora incontrarrestable. Lo vienen aplicando con gran éxito en países como El Salvador, Ecuador, Chile, Colombia y Perú.

En teoría, no todo está jugado. Bolsonaro aventajó a Lula por algo más de 2 millones de votos. Con gran entereza, animando a los suyos una vez conocidos los resultados, Lula definió la segunda vuelta como una nueva elección. Hay 33 millones de abstencionistas y más de 5 millones votaron nulo o blanco. El desafío es conmover a una parte significativa de ese electorado para que salga a votar.

Bolsonaro tiene la dinámica a su favor. Dispone de un poderoso elenco de nuevos gobernadores, diputados y senadores. A Lula no le faltan argumentos. Puede exhibir logros importantes: ampliación de la Bolsa Familia, Plan Brasil sin hambre, bajo desempleo, revalorización del salario mínimo, programa “Mi casa, mi vida”, resguardo de la soberanía, reconocimiento internacional de Brasil.

El gran adversario de Lula es el discurso del cambio. Las elecciones no se ganan poniendo por delante el balance de una gestión pasada. Las elecciones son siempre disputas sobre el futuro. Muchos brasileños valoran Bolsa Familia y los otros programas sociales, pero igual votaron Bolsonaro.

Independientemente de los resultados de segunda vuelta, el campo progresista está obligado a sacar muchas enseñanzas de la experiencia brasileña. No se perdona la debilidad en el enfrentamiento de la delincuencia. La receta no es mano dura, pero sí una mano fuerte y justa. La seguridad es mucho más que una política sectorial, debe ser componente orgánico de la concepción misma de un Estado Social de Derecho. Los programas sociales deben insertarse en un relato más amplio, en un proyecto de sociedad que abra nuevos horizontes especialmente para millones de jóvenes que en la desesperanza terminan aferrados a las iglesias evangélicas y votando por la ultraderecha. Asimismo, urge asumir que las nuevas batallas no se libran principalmente en las asambleas y otros espacios clásicos, sino en el territorio digital. Y pensar también en la renovación de los liderazgos. Lula es un tremendo líder, por lejos el político latinoamericano de mayor prestigio y resonancia internacional, y al cual Brasil debe mucho. Es el Mandela latinoamericano, pero no se puede cargar una y otra vez sobre sus espaldas el peso de un proyecto político que debe concursar frente a 160 millones de electores. Si consigue revertir el resultado de primera vuelta su trayectoria adquirirá una nueva dimensión para transformarse en una leyenda enteramente excepcional e irrepetible.

Por Carlos Ominami, presidente de Chile 21 y del Foro Permanente de Política Exterior

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