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El cortisol ¿es un enemigo?

Durante el último tiempo el cortisol ha tomado protagonismo en redes sociales, pues lo culpan de diversos síntomas como hinchazón facial, exceso de grasa abdominal, agotamiento y fatiga. Sin embargo, expertos señalan que la idea terrorífica que se ha construido en torno a esta hormona se aleja de la realidad, pues se trata de algo natural e incluso necesario para el cuerpo humano.

¿Alguna vez has sentido que, ante una situación de peligro, tu cuerpo se pone en alerta y se prepara para reaccionar? El cortisol participa en esa respuesta. Y aunque en redes sociales últimamente se hable de esta hormona como si fuera un problema que debemos evitar a toda costa, que aumente frente a una situación de estrés es parte del funcionamiento normal del organismo.

La doctora Fiorella Palumbo, médico cirujana especialista en terapias hormonales y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Mayor, explica que el cortisol es “una hormona fundamental para la vida”. Su función es preparar al organismo para responder frente a una situación que interpreta como una amenaza o una demanda, como una infección, una cirugía o un episodio de estrés agudo. En términos simples, aumenta la disponibilidad de energía para que las células puedan responder y actuar rápidamente. “Por eso el cortisol no es malo, sino que es una hormona adaptativa que nos permite responder y sobrevivir frente a distintas situaciones”, señala.

Francisco Guarda, endocrinólogo y Secretario General de la Sociedad Chilena de Endocrinología y Diabetes explica que el cortisol “es vital para el organismo”, dado que ayuda a mantener el azúcar en la sangre, sostiene la presión arterial, regula la inflamación y la inmunidad, participa en el ciclo de sueño y vigilia, y nos prepara para responder ante una amenaza o un esfuerzo. “Es una hormona que nos permite adaptarnos a las situaciones a las que nos enfrentamos en el día a día”, añade.

El cortisol es producido por las glándulas suprarrenales y forma parte de una respuesta fisiológica que ocurre todos los días, incluso cuando no estamos atravesando una situación que percibimos como especialmente estresante. Sus niveles siguen un ritmo a lo largo de la jornada y, además, pueden aumentar temporalmente frente a distintos estímulos, como el ejercicio, una situación de alerta o una demanda física o emocional.

Los niveles de cortisol en la sangre varían a lo largo del día. La doctora Palumbo explica que este posee un ritmo circadiano, es decir, suele estar más alto al despertar y va disminuyendo hacia la noche. Por eso, que el cortisol suba no significa necesariamente que algo esté funcionando mal. “El aumento del cortisol es parte de una respuesta normal del organismo”, explica Palumbo.

La confusión aparece cuando cualquier aumento de esta hormona comienza a interpretarse como algo negativo. En redes sociales, la idea del cortisol alto se ha convertido casi en una explicación universal para síntomas tan diversos como el cansancio, el insomnio, la ansiedad, el aumento de peso o la grasa abdominal. Sin embargo, Guarda señala que “bajar o eliminar el cortisol es una idea equivocada, ya que incluso puede llevar a la muerte. Lo esencial es que exista en concentraciones adecuadas para el correcto funcionamiento de los distintos órganos”.

El endocrinólogo plantea que la mala fama de esta hormona tiene relación con que se asocia al estrés, sumado al efecto que las redes sociales provocan en torno a información imprecisa que se comparte: “Se ha masificado el concepto del cortisol como el enemigo, buscando vender soluciones a condiciones que poco y nada tienen que ver con su correcto funcionamiento. Se ha generado un negocio alrededor de este concepto, el cual puede ser muy lucrativo para quienes lo promueven”.

Para Dominique Karahanian, psicóloga clínica y académica de la Escuela de Psicología de la Universidad Mayor, una de las razones por las que el cortisol se ha convertido en una preocupación es que “le hemos puesto nombre y apellido a algo que antes describíamos simplemente como estrés. Decir ‘tengo el cortisol alto’ es algo medible, que tiene un responsable y que, a su vez, tiene una determinada solución”, plantea.

La explicación puede resultar tranquilizadora porque parece entregarnos una respuesta concreta. Si el problema tiene un responsable identificable, también parecería existir una forma específica de solucionarlo: bajar el cortisol.

El riesgo, dice Karahanian, es que esa mirada cambie el foco. En lugar de cuestionar por qué estamos agotados, por ejemplo, a causa de jornadas laborales extensas, falta de descanso, exceso de conexión o una sobrecarga de cuidados, podemos terminar preguntándonos cómo ajustar nuestro cuerpo para seguir soportándolo. “Lo tratamos como un fallo individual que hay que optimizar y no como una respuesta a las condiciones en las que estamos viviendo, que son bastante adversas”, explica la psicóloga.

La obsesión por controlar todo

Karahanian añade que esta preocupación también puede cambiar la manera en que interpretamos nuestras propias sensaciones. Cansancio, hambre, insomnio, ansiedad o cambios de peso pueden tener múltiples causas, sin embargo, cuando todas estas señales se leen bajo la explicación de un supuesto cortisol alto “estamos convirtiendo una respuesta fisiológica normal en algo que hay que controlar”.

Parte de esta preocupación también se alimenta de los contenidos que prometen controlar la hormona. Dormir mejor, moverse, alimentarse de manera equilibrada, tener espacios de descanso y mantener vínculos saludables son hábitos que pueden contribuir al bienestar general, pero para Karahanian, el problema aparece cuando se convierten en protocolos rígidos que supuestamente debemos cumplir para mantener el cortisol bajo control.

“Dormir, moverse regularmente, tener vínculos y pausas son hábitos razonables, pero no necesitan prometer nada con el cortisol para valer la pena”, sostiene. La especialista advierte especialmente sobre suplementos sin suficiente respaldo científico, rutinas excesivamente rígidas o listas de alimentos que supuestamente suben o bajan esta hormona. Más que aliviar la preocupación, este tipo de contenido puede transformar el bienestar en otra tarea que cumplir: “Se instala la idea de que el bienestar es una tarea más del rendimiento, con la culpa que conlleva cuando yo no cumplo con esa idea”.

¿Es realmente un peligro tener el cortisol alto?

La doctora Lena Fan, endocrinóloga y profesora asistente en la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, señaló a The New York Times que, aunque los niveles altos de cortisol puedan parecer comunes en las conversaciones en redes sociales, los trastornos asociados a esta hormona están presentes en cerca del 1% de la población.

“Las enfermedades que generan un aumento de la producción propia de cortisol son muy infrecuentes, pero la mayoría de ellas son producidas por tumores benignos ubicados en la glándula hipófisis o en las glándulas suprarrenales”, explica Guarda. Dentro de los síntomas que podrían alertar de esta situación se encuentran la aparición de estrías rosadas o color violáceo en abdomen, mamas, axilas o muslos, las cuales son gruesas, no como las típicas estrías que aparecen por variaciones bruscas en el peso. Además de una elevación muy brusca de peso concentrado en abdomen, con pérdida de masas musculares en brazos y piernas. “Es importante destacar que el estar cansado o la dificultad para bajar de peso no son necesariamente indicadores de un exceso anormal de cortisol”, añade el endocrinólogo.

Hay que entender que el objetivo no es vivir sin cortisol, ya que “en realidad es la herramienta con la que contamos para poder enfrentar situaciones que ponen en peligro al organismo”, explica Guarda. El organismo responde a una demanda y moviliza recursos para enfrentarla. Después, cuando el estímulo termina, debería comenzar el proceso de recuperación.

Esta capacidad de activarse y luego volver al equilibrio es precisamente parte de lo que Karahanian considera importante recuperar en la conversación sobre estrés. “El cuerpo está diseñado para activarse y para recuperarse”, explica. “Estresarse no es el problema, lo que nos desgasta es que la activación se vuelva crónica y que no haya espacio para la recuperación”.

Sin embargo, la psicóloga señala también que intentar evitar cualquier situación que pueda generar una respuesta de estrés puede terminar limitando nuestra vida. “Si evito el ejercicio intenso, el trabajo que me desafía o las conversaciones difíciles emocionalmente, me pierdo justamente las experiencias que construyen la sensación de que puedo”, plantea la psicóloga. “Cuidarse amplía lo que puedo hacer y protegerse lo reduce”.

Entonces, ¿qué hacemos con el cortisol?

Quizás la pregunta “¿cómo bajo mi cortisol?” necesita ser reformulada, ya que no se trata de una sustancia tóxica que debamos eliminar ni una hormona que tenga que permanecer siempre baja. Es parte de un sistema de respuesta que nuestro cuerpo necesita para despertarnos, movilizarnos, responder frente a una amenaza y adaptarnos a diferentes demandas.

El problema aparece cuando esa activación se vuelve persistente y el organismo pierde la posibilidad de recuperarse adecuadamente. Y esa recuperación no depende únicamente de una rutina perfecta, un suplemento o un alimento determinado, también tiene relación con las condiciones en que vivimos, trabajamos, descansamos y nos relacionamos.

“Probablemente no podemos eliminar todo el estrés de nuestra vida, pero sí podemos disminuir su impacto y hacer que nuestro cuerpo esté mucho mejor preparado para enfrentarlo y, sobre todo, recuperarse”, explica Palumbo.

“El cortisol está finamente regulado por el organismo y no requiere esfuerzos extra por parte de las personas para mantener sus niveles normales”, agrega Guarda. “Por esta razón, mantener hábitos de vida saludable, como la actividad física regular, horarios adecuados de sueño y alimentación balanceada según los requerimientos de cada persona son esenciales para poder mantenerse sanos”, finaliza.

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