Opinión

El primer gabinete

El primer gabinete Dragomir Yankovic/Aton Chile DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE

El primer gabinete, además de adelantar el potencial técnico y político de un gobierno, suele entregar señales al país. Puede decirse que, en su conformación, sus equilibrios y conjunto, refleja la impronta que el Presidente entrante quiere imprimir a su mandato.

La forma fragmentada en que se han conocido los nombres de sus integrantes contribuye a la especulación y da pie a trascendidos acerca de inconformidad de algunos partidos políticos que apoyaron a Kast; y también a comentarios de la izquierda, que no hay que tomarse muy en serio, acerca de la carencia o el exceso que mostraría este o aquel ministro.

José Antonio Kast no parece demasiado preocupado por el nerviosismo de los políticos. Mal que les pese a algunos, Kast ganó las elecciones con una propuesta radicalmente distinta a las que Chile ha conocido en los últimos períodos presidenciales y que invariablemente han terminado en una derrota que lleva a los adversarios al poder. Siguiendo la frase que habitualmente se atribuye a Einstein: “No esperes resultados distintos si haces lo mismo de siempre”.

El gobierno de emergencia de Kast ha de ser, entonces, distinto a los anteriores para lograr su objetivo. Pero ello tiene límites y requisitos. En primer lugar, las personas elegidas como ministros deben ser de primer nivel. Nadie puede afirmar con fundamentos que no sea así.

En segundo lugar, y Kast parece darle mucha importancia, deben ser personas de absoluta lealtad al Presidente de la República. Uno de los problemas que han tenido los últimos gobiernos es la facilidad con que los políticos, parlamentarios e incluso ministros, olvidan su deber de interpretar a cabalidad la misión que se les ha encomendado, para buscar el lucimiento personal. Esto último es inevitable en los políticos, pero no debe transformarse en lo que otras veces he llamado Pymes políticas, donde autoridades de gobierno trabajan para obtener dividendos partidarios y acumular poder personal, más que para los objetivos del gobierno.

Pero para que esto funcione se requieren algunas piezas. El diseño requiere una presencia pública muy frecuente del Presidente. Éste debe transformarse en el rostro viviente del gobierno. Así parece estarse diseñando desde el segundo piso y la Secom. La popularidad de un Presidente en acción, resolviendo rápido algunos problemas y mostrando actitud para abordar otros, borra muchas críticas de políticos (de oposición y también oficialistas). La gente no quiere políticos contentos, quiere ciudadanos satisfechos. El orden público será fundamental.

El equipo de Kast parece confiado en que su estrategia puede funcionar. Pero recordemos que en política la dirección del viento cambia con facilidad y el “leverage” que tiene hoy Kast frente a los políticos puede caer. La flexibilidad táctica de Kast será entonces puesta a prueba.

Por Luis Larraín, presidente del Consejo Asesor Libertad y Desarrollo

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