En modo avión
Los malos datos económicos de marzo volvieron a recordarnos lo urgente que es recuperar condiciones para crecer de manera sostenida y crear empleos.
Cuando Chile crecía en torno a 4–5%, la inversión extranjera directa (IED) neta estuvo en niveles del orden de 7% a 12% del PIB, según datos del Banco Mundial. El 2024, último dato de ese organismo, fue de apenas 3,8 puntos del PIB. Detrás de esas cifras existen empresas que dejaron de existir y, por lo tanto, de generar empleo, desarrollar proveedores o innovar.
Una condición habilitante para volver a crecer es la reducción de la tasa del impuesto de primera categoría (IDPC), un verdadero “impuesto a la inversión”. La actual tasa, elevada en comparación internacional, desincentiva más proyectos de inversión en el país, favoreciendo la relocalización hacia economías más competitivas.
Un primer trimestre económico para el olvido —y el alza del pesimismo que registran distintas encuestadoras— obliga, esta vez en serio, a encontrar un punto de inflexión en el segundo trimestre. Pero ese quiebre solo puede ocurrir si cambian las expectativas. Y para que cambien, se requieren acuerdos políticos que permitan transmitir, sin ambigüedades, que el país está dispuesto a girar el timón y cambiar el enfoque; no por capricho ni por marketing gubernamental, sino porque la evidencia hace rato viene advirtiendo que “más de lo mismo” no es una estrategia: es simplemente perseverar en la continuidad.
Según un reciente estudio publicado por Sofofa, una rebaja de 4 puntos porcentuales en la tasa corporativa como la que se propone hoy, se traduciría en un aumento de la inversión en torno a US$ 6.733 millones en cuatro años. Ello, tendría un efecto en la generación de 210 mil nuevos puestos de trabajo directos e indirectos en el mismo periodo. Si en virtud de esta y otras condiciones habilitantes, el país volviera a crecer al 4% como se ha planteado desde el gobierno, esa cifra se dispararía a 330 mil puestos de trabajo, según el mismo estudio.
En toda esta ecuación, el comercio y la inversión extranjera directa (IED) serán palancas clave y es necesario que ambas también recuperen su peso en el PIB. Por ello, la política comercial y el despliegue de un verdadero “team Chile” en el exterior, para que se “elija Chile”, como ha venido acuñando el Canciller, será fundamental.
Sin embargo, las agendas pro inversión en Washington, Bruselas, Beijing, Toronto, Tokio y otras capitales mundiales requerirán diseminar de forma agresiva una buena nueva: que existe una decisión país para revertir el rumbo. Un país que entiende que, frente al negativo y demandante escenario internacional, no busca nuevas inversiones con “más de lo mismo”, sino que se ha dotado de una batería concreta de reformas regulatorias anti “permisología”, pero también de competitividad tributaria, incluyendo un componente de invariabilidad.
Tendrán varios que acostumbrarse, entonces, al modo avión (y en ambos sentidos).
Por Rodrigo Yáñez, secretario general de Sofofa
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