Fallida visita de la ministra del Interior a Temucuicui

El incidente protagonizado el martes por la secretaria de Estado en La Araucanía revela no solo improvisación y exceso de confianza, sino un preocupante desconocimiento de la situación de violencia que se vive en la región.



El frustrado viaje de la ministra del Interior a la comunidad de Temucuicui, durante su visita a La Araucanía, a causa de disparos al aire al paso de la comitiva y bloqueos para impedir su acceso al lugar, no solo es grave, sino que sugiere una preocupante improvisación por parte de la autoridad. La situación de violencia en la Macrozona Sur es un hecho públicamente conocido, que no solo motivó al gobierno anterior a declarar estado de excepción constitucional como estrategia para contener el alza de los ataques terroristas, sino que llevó a que el país avanzara casi 30 puestos en un año en el ranking de países con mayores niveles de terrorismo. Además, la misma comunidad de Temucuicui había protagonizado graves episodios de violencia en los últimos años, como el del fallido allanamiento de la PDI en el que murió un detective de la institución.

Pese a ello, y a las advertencias hechas por Carabineros y su propia escolta personal, la ministra insistió en llevar a cabo la visita. Incluso, en una actitud aún más temeraria e irresponsable pidió no ser acompañada por personal uniformado ni vehículos blindados, confiando aparentemente que el hecho de que fuera acompañada por Marcelo Catrillanca, padre del comunero muerto por carabineros en 2018, le ofrecía cierto grado de protección. Los hechos demostraron que no era así y el voluntarismo mostrado por la autoridad en el manejo del tema chocó bruscamente con la realidad. El episodio no solo dio cuenta de “un exceso de confianza” y falta de previsión, sino también de un evidente desconocimiento de lo que se vive en la región. Un hecho aún más grave viniendo de la persona que encabeza precisamente el Ministerio del Interior y Seguridad Pública.

El ejercicio de la autoridad exige prudencia y responsabilidad, más aún en el caso de asuntos de seguridad pública, donde es importante confiar en quienes conocen de primera mano la situación. Como sucede en otros países, la decisión final sobre desplazamiento de las autoridades o las rutas que se elegirán debe recaer en personal especializado. Todo viaje a zonas complejas exige preparación y no puede realizarse en forma improvisada y en pocas horas, porque no solo está en juego la integridad física de las autoridades y de quienes las acompañan, sino de la propia institucionalidad que éstas representan. Nunca antes en la historia de Chile un ministro de Estado había enfrentado un incidente como el del lunes pasado, lo que evidencia aún más la gravedad de lo sucedido. Es por ello que visitas como la realizada exigen una cuidadosa planificación previa.

Las nuevas autoridades tienen pleno derecho a explorar caminos distintos para dar solución a un problema que ninguno de los gobiernos anteriores pudo corregir. Pero ello no puede hacerse sin reconocer la grave situación de violencia e inseguridad que se vive en la región. Las dificultades enfrentadas en el pasado son prueba de que no basta el voluntarismo y los deseos personales para avanzar, sino un trabajo riguroso, libre de preconcepciones y que escuche a quienes conocen las condiciones en terreno. No hacerlo puede terminar agravando y no mejorando la situación.

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