Firma del nuevo acuerdo Transpacífico



La Cancillería chilena anunció que el 8 de marzo tendrá lugar en Santiago la firma del Acuerdo Integral Comprensivo y Progresivo de la Alianza Transpacífica (o CPTPP, por sus siglas en inglés), con lo cual se resucita el acuerdo original, el TPP, que no obstante haber sido suscrito en 2015 por 12 países, incluidos Chile y Estados Unidos, una vez asumido Donald Trump retiró a su país de este acuerdo. Aun cuando en un principio ello pareció echar por la borda el TPP, la decisión de los países restantes de mantener en pie el acuerdo permitió que éste siguiera a flote, zanjando las principales diferencias en la reunión de Tokyo el pasado mes de enero. Que el TPCC esté próximo a ser una realidad constituye una potente señal en favor del libre comercio, justo en momentos en que el proteccionismo vuelve a ser una amenaza para la economía global.

La importancia del CPTPP -también conocido "TPP 11"- no radica solo en el hecho de que es un acuerdo que involucra a los países de la cuenca del Pacífico -en general parece haber coincidencia en que es una de las áreas con mayor proyección comercial en el futuro venidero-, sino que cualitativamente es un acuerdo altamente innovador, que involucra una coherencia regulatoria, solución de controversias, operación y competitividad de empresas estatales, derechos de propiedad intelectual, equidad de género y muchos otros ámbitos que son consistentes con el modelo de economía abierta por el que ha optado Chile desde mediados de los años 80, y profundizado por los sucesivos gobiernos ya sea por tratados de libre comercio o acuerdo multilaterales.

Si bien en el marco de las negociaciones para mantener a flote el TPP algunos aspectos sobre propiedad intelectual y cláusulas relativas a solución de controversias entre Estados e inversionistas serán por ahora suspendidas, la esencia del acuerdo original se mantiene, por lo que los 11 países deberían comprometer esfuerzos para lograr su aprobación en sus respectivas legislaturas. En ese contexto, es destacable el rol que la Cancillería chilena ha jugado para que el TPP siguiera con vida y cristalizara en un nuevo acuerdo. La cumbre de Viña del Mar, en enero del año pasado, donde se reunieron 15 países del Asia Pacífico, constituyó un fuerte llamado a mantener en pie los principios del libre comercio.

A pesar de la importancia que el libre comercio tiene para el desarrollo, en los últimos años el proteccionismo ha vuelto a surgir como una de las preocupaciones más recurrentes. El tema fue discutido en la última cumbre de Davos y el lento avance de acuerdos a gran escala, al amparo de la Organización Mundial de Comercio, presenta por ahora escasos avances. La última cumbre del organismo, que tuvo lugar en Buenos Aires en diciembre, fue reconocidamente un fracaso. De allí que la importancia de acuerdos como el TPP11 cobre especial relevancia, pues son avances concretos en favor de menos trabas al comercio.

De acuerdo con un informe del Banco Mundial difundido a fines de 2017, las 60 principales economías del mundo han levantado del orden de 7 mil barreras comerciales en los últimos años, donde Estados Unidos -especialmente tras la llegada de Trump- y la Unión Europa explican una parte no menor, lo que obliga a estar en alerta.

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