Fonasa: una opción para todos

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Foto: La Tercera/Archivo



En el siglo XXI, la promesa de que los seguros privados de salud consolidarían su posición y credibilidad en ambientes de regulación competitiva ha demostrado su precariedad. La prueba está en la insatisfacción ciudadana con las Isapres. Por ello, la primera prioridad legislativa del gobierno ha de ser una reforma sustantiva a las instituciones de salud previsional.

Fonasa, por su parte, también requiere de cambios importantes, para superar las falencias que aún existen y, con mayor razón, frente a la reforma anunciada por el gobierno a Isapres. Un solo dato: en el caso de Fonasa, si bien los ingresos de cotizaciones constituyen un tercio de los ingresos totales de éste, sus aportes enfrentan el riesgo ante la posibilidad de eventuales migraciones de afiliados a Isapres, postreforma. Un desafío en Fonasa es lograr mantener sus cotizantes, además de crecer con mayores ingresos, generando un circuito de ingresos y beneficios que aumente la solidaridad entre todos sus afiliados.

Una seguridad social efectiva está en nivelar hacia un mejor acceso y calidad de prestadores, con mejor valoración social y aceptación de sus afiliados. Nuestra opinión es que Fonasa debe ser una de las mejores opciones como seguridad social para los chilenos. Es cierto que a él están afiliadas más de 14 millones de personas, pero su validación no es una cuestión meramente aritmética. Fonasa debe mejorar la cobertura financiera de su plan de salud, actualizando sus dos modalidades: la institucional (MAI) y la de libre elección (MLE).

Durante el debate que se ha generado en las últimas semanas frente a la propuesta del Ejecutivo de modernizar el sistema de Fonasa, también bautizado como "Fonasa Plus", pese a que es imprecisa en sus detalles, se han esgrimido argumentos en contra, bajo el supuesto de que elevar voluntariamente la cotización en un punto generaría discriminación, rompiendo su espíritu solidario.

Otro dato de referencia: las personas que en 12 meses fueron parte de las más de 13 millones y medio de consultas médicas o que sus resultados de exámenes estuvieron dentro de los casi 39 millones que se realizaron por MLE, debiesen compartir la idea de mejorar la cobertura de Fonasa y rebajar el copago. En las diversas propuestas, nadie explícitamente (ni el Colegio Médico o dirigentes políticos) ha planteado terminar con esta modalidad de libre elección, por ser una "modalidad privatizadora"; sí, por cierto, avanzar en hacerla más efectiva sanitariamente.

Así entonces, Fonasa podría contar con la opción voluntaria y focalizada para el aumento de la cotización hasta en un punto para las personas del tramo de ingresos superiores, que podrían acceder a una oferta adicional en prestadores con mejores condiciones. Pero además es importante ver específicamente si la fuente financiera será con cargo al aporte fiscal o a la cotización voluntaria.

Fonasa debe jugar un rol ejemplar de ser un seguro solidario, incluso casi único a nivel de la región, dado que incorpora desde los más pobres sin cotización hasta los tramos de mejores ingresos. Cómo olvidar la oleada de críticas esgrimidas en la discusión del Plan Auge, catalogándolo como una iniciativa limitada a una "canasta básica" de enfermedades, que fomentaba la discriminación e "isaprizadora". Hoy es valorada como una de las más exitosas políticas públicas de la última década.

Pero algo que debe estar en la propuesta a Fonasa como política pública es la obligación de dar mejores coberturas financieras a los fármacos, logrando con esto reducir los enormes copagos que tiene la población chilena en este ámbito. De lo contrario, la suma del esfuerzo de los cambios sugeridos será tan injustificado socialmente como aquella pretensión de querer sustituir el necesario crecimiento del aporte fiscal por una proporción mayor del aporte de cotizaciones.

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