Gato por liebre

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR /AGENCIAUNO




SEÑOR DIRECTOR

Una vez más los procesos deliberativos y democráticos se convierten en caminos pantanosos y oscuros que adolecen de vicios, pasan frente a nuestros ojos, y sufrimos con impotencia. Durante la mañana del viernes, tras una acalorada discusión, la Convención Constitucional aprobó la primera indicación del reglamento de participación y consulta indígena. Esta indicación ofrecía un texto alternativo, diferente al inicialmente presentado y contaba con el patrocinio de 80 convencionales para su aprobación. En otras palabras, ya estaba aprobado antes de la votación.

Frente a esta situación, varios convencionales solicitaron a la mesa abrir un periodo extraordinario de indicaciones para el posible nuevo reglamento en caso de ser aprobado, ante la falta de deliberación democrática. Sin embargo, la mesa de la Convención decidió no abrir esa ventana para presentar indicaciones al nuevo texto. Es decir, se aprobó un reglamento realizado a puertas cerradas, ofrecido a través de una indicación, sin la participación de todos los miembros de la comisión transitoria que lo presentó y no se permitió su discusión posterior.

¿Qué sentido tiene entonces seguir redactando una Constitución en la que puede remplazarse el trabajo de un año por una indicación de una mañana? Las trampas jurídicas no son compatibles con la democracia, y sería bueno que nuestros convencionales lo recordaran.

Beatriz E. López

Investigadora IdeaPaís

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