SEÑOR DIRECTOR

Hay personas y personajes que marcan épocas. Ayer ha partido uno de ellos: el arquitecto Cristián Boza. Protagonista privilegiado de la vida social y cultural de las últimas cuatro décadas en Chile.

Admirado por su talento y erudición, adorado por su vitalidad y amistad, a veces incomprendido por su excentricidad, lapidaria franqueza y un ego del tamaño de sus edificios, pero de una generosidad tan grande como el poder que amasó entre sus pares.

Boza marcó a varias generaciones de arquitectos; en los ochenta, su aporte al patrimonio con libros tan fundamentales como "Santiago, estilos y ornamento" o "Balnearios tradicionales de Chile" vino acompañado de sus primeras obras donde la sensibilidad por el contexto e interés por las corrientes postmodernas de esos años derivó en obras como el edificio Fundación, referente crucial de la modernización del casco urbano de Santiago. En los noventa se consolidó con grandes proyectos públicos y privados como el Centro de Justicia de Santiago. En lo académico formó a cientos de estudiantes de las universidades Católica, Andrés Bello, la Universidad del Desarrollo y como Decano en la San Sebastián. Colaboró además con fundaciones, municipios, ministerios y autoridades, liderando propuestas urbanas tan visionarias como la cobertura de Autopista Central o el Mapocho Navegable, idea que más tarde cristalizaría su hijo Cristián Boza Wilson en el maravilloso Parque fluvial de la Familia en Quinta Normal.

Nadie quedaba indiferente ante la impronta de Boza el personaje, su vozarrón y semblante copaban cada espacio, y su exuberante personalidad ahuyentó los consensos necesarios para un siempre inefable pero merecido Premio Nacional. En cuanto a Boza la persona, su obra y legado quedarán por siempre en quienes tuvimos la suerte de conocer, aprender y colaborar con un colega que vivió la arquitectura de manera tan intensa como su vida.

Pablo Allard

Decano Fac. Arquitectura y Arte Universidad del Desarrollo

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