Hay agua en la piscina
Los primeros Juegos Suramericanos que recuerdo son los de Lima 1990. Allí, Chile subió al podio con una muy buena actuación colectiva y una individual sublime: la de Adriano Venturi y sus dos oros en nado mariposa.
Treinta y seis años después, en Santa Fe 2026, el Team Chile firma la mejor actuación de su historia en estos Juegos, con récord de oros y de medallas. Muchos niños viven hoy lo mismo que yo en los 90: celebran a nuestros deportistas y sueñan con imitarlos. A varios ya los vemos en los Juegos Deportivos Escolares, cuyas finales se disputan en estos días.
Esto es un logro de todos: los 533 integrantes de la delegación, sin importar la disciplina ni el resultado, cada uno es un eslabón indispensable de una participación histórica que nos enorgullece como país.
Lo ocurrido en Santa Fe no es un hecho aislado. Este año Las Diablas alcanzaron el mejor ranking de su historia; el básquetbol avanzó por primera vez a la segunda ronda clasificatoria al Mundial, y el vóleibol masculino volvió a clasificar a un Mundial. Las hermanas Abraham subieron al podio en las tres fechas de la Copa del Mundo de remo; Martín Vidaurre ganó su segunda Copa del Mundo de mountain bike, y Martina Weil destaca entre las mejores del planeta.
Hemos avanzado, qué duda cabe. Pero más del 95% del apoyo económico al deporte proviene del Estado. La apuesta funciona, pero los resultados pueden ser más y mejores si el deporte deja de descansar casi exclusivamente en esos brazos y en el esfuerzo de los deportistas y sus familias.
Todavía recuerdo a Venturi en Lima, sobre el partidor, un segundo antes de lanzarse sin dudar. Otra piscina, otra generación, el mismo gesto: en Rosario vi a una leyenda vigente, Kristel Kobrich, tirarse al agua a sus 41 años para subir al podio en los 800 y 1.500 metros, y a nuestro equipo de natación artística deslumbrar hasta ganar todos los oros en disputa. Es el mismo impulso de cada deportista chileno que, en su disciplina, se lanza al agua cada día.
Hoy es el mundo privado el que está al borde de la piscina, dudando si entrar o no. A las empresas y fundaciones les decimos: no miren desde la orilla. Como gobierno los invitamos a ser parte de la construcción de esta historia: ¡Atrévanse, hay agua en la piscina!
Por Francisco Riveros, ministro del Deporte.
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