Inaceptable censura política a actividades culturales

Los cuestionamientos hacia Lollapalooza, Teatro a Mil y Puerto de Ideas por parte de municipios de distinto signo político, encienden la alerta de que la cultura pueda estar cayendo en los terrenos de la ideología e intolerancia.



Lollapalooza, Puerto de Ideas, Teatro a Mil, tres marcas inconfundibles y distinguidas del panorama cultural nacional, que significan un aporte fundamental en sus áreas y colocan a Chile dentro del mapa de este tipo de eventos, cayeron en estos días en el terreno de la política, la ideología e intolerancia, algo que debe considerarse como un fenómeno de particular preocupación para el país. Si bien se trata de casos en apariencia aislados, lo cierto es que no es difícil juntarlos y denunciarlos como graves censuras a la libertad de expresión y a la creatividad, con todas las consecuencias que ello implica.

La primera alarma la encendió el concejo de la Municipalidad de Santiago, el cual puso en duda la realización del Festival Lollapalooza a llevarse a cabo el próximo marzo en el Parque O´Higgins. Para ello, se argumenta que el evento ha causado un detrimento persistente y progresivo del lugar, algo que parece un argumento discutible, tratándose de un evento que desde el 2009 se lleva a cabo en el recinto sin mayores inconvenientes, y cuando existen los mecanismos para hacer exigibles mitigaciones. Frente a esto, la alcaldesa Irací Hassler (PC) tomó una decisión inédita, respaldada por la mayoría del concejo: realizar una consulta entre los vecinos, para que sean estos los que decidan. Se trata, sin duda, de una medida cuestionable, no solo porque el festival trasciende por lejos a los vecinos y la propia comuna, sino además porque las autoridades han sido elegidas justamente para resolver sobre este tipo de materias, y no delegarlas en consultas ciudadanas. Esta forma de actuar ha levantado suspicacias respecto de las motivaciones políticas que podrían estar ocultas tras la determinación de la nueva alcaldesa de Santiago, en conjunto con la mayoría del concejo, donde hay amplio predominio del PC o de fuerzas afines.

En este contexto, la productora comunicó esta semana que el evento no se realizará en el Parque O´Higgins, dado que el nivel de incertidumbre creado y la falta de apoyo de las autoridades no se condice con la organización de un evento de esta envergadura, que debe ser coordinado con los festivales de Brasil y Argentina. Se trata de una situación lamentable considerando que Chile fue el primer país en el mundo que albergó un Lollapalooza fuera de Estados Unidos; que se trata de un evento que pone a Santiago en el mapa mundial; que permite que vengan al país artistas y bandas que de otra manera no visitarían Chile; y que promueva a muchos músicos chilenos que son parte importante del festival.

Algo parecido, pero más explícito en su carácter de censura, sucedió en la Municipalidad de Las Condes, donde el concejo municipal decidió rechazar una subvención directa para la Fundación Teatro a Mil con el fin de presentar tres obras al aire libre en la comuna. Se han dado múltiples explicaciones de carácter formal y presupuestarias, algo que en principio no debería extrañar, porque el municipio tiene perfecto derecho a evaluar o reevaluar apoyos cuando hay proyectos similares que compiten por adjudicarse recursos públicos, excepto que no parece ser el caso aquí. Pero también aparecieron razones como las esgrimidas por la concejala Vanessa Kaiser (Partido Republicano), quien planteó que las obras en cuestión -31 Minutos, el Quijote de la Mancha y el montaje francés de circo aéreo Rouge- promueven ideologías contrarias a la de los vecinos de la comuna, algo inaceptable y que cae en la caricatura de aquellos que finalmente no creen en la libertad cultural. De paso, nuevamente se afecta un evento de calidad indiscutible como es el Festival Internacional Santiago a Mil que, desde su creación en 1994, ha presentado 1.677 espectáculos de alta calidad, provenientes de los cinco continentes, los que han congregado a cerca de 11 millones de espectadores.

Finalmente, está el caso de otro evento de alta relevancia como es Puerto de Ideas, que se ha transformado en el gran encuentro del pensamiento en nuestro país, reuniendo académicos e intelectuales de prestigio internacional -varios premios Nobel han participado en sus distintas versiones- para discutir temas tanto sociales como científicos. Pues bien, este año la nueva alcaldesa de Viña del Mar, Macarena Ripamonti (RD), rechazó la extensión de la citada iniciativa a la comuna, en una polémica que envolvió todo tipo de razones, entre ellas, las objeciones que levantó una asesora directa de la alcaldesa, quien cuestionó que el festival recibiera fondos de la embajada de Israel.

Más allá de las explicaciones que se den en los municipios, el resultado de todo lo anterior es que -además de afectar tres eventos de primer nivel- se crea una seria alerta respecto de que la cultura está siendo amenazada por la ideología, algo que es propio de regímenes totalitarios y no de las democracias. El hecho de que esto haya sucedido en tres municipios -donde hay ejemplos de izquierda y de derecha- lo hace aún más grave, ya que da cuenta de que podríamos estar frente a una actitud con riesgo de generalizarse.

En esto no hay dos voces. La censura a la cultura no es otra cosa que la coartación de la libertad de expresión, que es el valor más importante que tiene una sociedad. Sin ella, solo existe el totalitarismo. Y si bien esto puede ser una expresión más del clima de intolerancia política que estamos viviendo como sociedad, lo cierto es que cruzar esta línea es algo demasiado delicado y debe ser rechazado con mucha fuerza.

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