Opinión

Kast y el principio del orden

El primer discurso que todo Presidente dirige al país tiene una eficacia simbólica indiscutible: es una oportunidad para instalar la narrativa del gobierno entrante. Según la encuesta Cadem, Kast salió airoso en esta primera prueba. Esto puede llamar la atención, considerando que la capacidad de oratoria del ahora Presidente no es su fortaleza principal. Su expresión es plana, su lenguaje es en extremo simple y sus piezas discursivas son deficitarias en juegos retóricos y referencias épicas.

Aun así, su primera intervención como Presidente fue efectiva. ¿Una paradoja? No. Pues más allá de la riqueza retórica, el poder de la palabra en política radica en dos condiciones: que sea creíble y que “resuene” y “tenga sentido” para quienes escuchan. Tras los últimos años, en que la ciudadanía ha experimentado una suerte de “desesperanza aprendida” ante sucesivas promesas de transformaciones incumplidas, los chilenos demandan resolución a sus líderes. Dos datos que levantamos en el Laboratorio de Encuestas y Análisis Social de la UAI apuntan a esa dirección. Hace ya dos años, ocho de cada diez percibían que “los funcionarios electos hablan demasiado y toman pocas decisiones”. Y ahora, recientemente, un 58% declaró que se requiere un líder fuerte para que una sociedad se considere una democracia.

En ese sentido, la performance desplegada por el Presidente en el acto inaugural de su gobierno respondió a ese diagnóstico. Proyectó a un Kast, desde el primer momento, firmando decretos y asignando prioridades y responsabilidades a sus ministros. Luego, su discurso inaugural, de no más de 30 minutos, fue consistente con la idea de un liderazgo fuerte, destacando su promesa de orden, asociada al control de la delincuencia y a la administración de los recursos del Estado.

Sin embargo, para el nuevo gobierno, la pretensión de significado del concepto de orden parece ir más allá. Con sus referencias a Diego Portales, su gobierno de emergencia, el uso de corbata y dress code impuestos a sus ministros, su devoción declarada por el trabajo y a través de muchos otros símbolos desplegados desde ese día inaugural, Kast pareciera querer erigirse como nuestro salvador “ordenador” en un mundo pleno de incertidumbre, diverso, cambiante y -que en momentos- nos resulta incomprensible.

Tal expectativa de control será difícil de cumplir. En lo formal, cualquier salida de libreto y desalineamiento de sus huestes será entendido como un incumplimiento del orden prometido. En el plano sustantivo, los problemas de orden y seguridad no se resolverán de un día para otro y -difícilmente- todas las medidas que se ejecuten tendrán impacto inmediato en las personas. Finalmente, en lo más profundo, debido a las transformaciones y riesgos globales de orden geopolítico, económico y tecnológico que enfrentamos, esta sensación de “desorden”, muy propia de estos tiempos, está arraigada en factores exógenos que ni el gobierno ni nuestro país pueden controlar ni mitigar del todo.

Por Magdalena Browne, decana Escuela de Comunicaciones y Periodismo UAI

Más sobre:KastOrdenDiscurso

Lo más leído

Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera

Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE