Opinión

La apuesta de Parisi

Franco Parisi fue, otra vez, el personaje de la semana. El cierre de una de sus varias apariciones en prensa el día jueves, luego de una negociación directa con el ministro Quiroz y un encuentro con la bancada del PDG en el Congreso, es revelador de su ánimo. “¿Cómo estuve?”, dijo a los periodistas sonriendo. Una pregunta que no esperaba respuesta, pues bien sabe que está jugando a ganador. Después de haber anunciado que se caía el acuerdo con el gobierno por la ley de reactivación económica, Parisi se mostró dispuesto a retomar las conversaciones en apenas 24 horas, fijando puntos en los que deberá ceder el Ejecutivo. Es la segunda ocasión en tres semanas en la cual Parisi condiciona al gobierno y deja a la izquierda fuera de juego. Ya no se trata entonces únicamente del liderazgo que representa a un grupo de ciudadanos indignados, sino derechamente de una fuerza política articuladora. Va pavimentando así la apuesta que lo mueve hace años: llegar a La Moneda.

Es evidente el riesgo de esta dinámica para el gobierno, pues no se trata de cualquier interlocutor. La dependencia de los votos del PDG deja al oficialismo a merced de un grupo que actúa sabiendo que tiene, en lenguaje coloquial, la sartén por el mango. Y es la conciencia de eso la que permite a Parisi asegurar su triunfo, con independencia de lo que ocurra con el megaproyecto del gobierno. Parisi parece haber ganado porque está en el lugar del que depende que las cosas avancen. Ahora bien, tampoco hay mucho margen para otra alternativa. La política exige realismo y por el momento es el PDG el que está abierto a conversar, por más frágiles que puedan ser los acuerdos y por más precaria que sea la posición en que queda el gobierno. Porque hay que decirlo: en la oposición nadie más está disponible.

Esto último es relevante de notar. No hay que desconocer los méritos de Parisi, pero su éxito se explica también por el papel asumido por la izquierda. No le concederán nada al gobierno. Aunque ya había señales de esto, la evidencia más contundente la dieron esta semana los diputados Jaime Araya, Consuelo Veloso y Marcos Barraza en el podcast “Provócame” del exasesor de Jeannette Jara, Darío Quiroga. Allí hablaron de la táctica diseñada para la discusión en el Congreso del proyecto de reconstrucción nacional en términos explícitos de obstrucción política. “No van a haber menos de 2.000 indicaciones”; un “tsunami”, señala el diputado Araya, que será un “sufrimiento” para el gobierno, y cuyo efecto práctico esperan que sea la inviabilidad de la iniciativa; en sus palabras, que se vuelva “inmanejable”. La argumentación es muy transparente: hacer de la discusión un problema de tal “complejidad” que sencillamente no pueda avanzar. Un “martirio”, agregan al pasar. Vale la pena el detalle, pues prueba hasta qué punto lo que mueve a la izquierda es el bloqueo. La más triste confirmación de la inquietud formulada en estos días por Manuel Antonio Garretón: la izquierda hoy no tiene ningún proyecto que ofrecer.

Esta performance ayuda a explicar también un dato interesante de la Cadem de esta semana. En la pregunta por posicionamiento ideológico, los encuestados perciben al PDG como un partido de centro, mientras al Partido Socialista lo dejan en el mismo lugar que el Frente Amplio. No hay diferencia entre nueva y vieja izquierda, justo cuando después de la derrota en la última presidencial el socialismo democrático esperaba articularse como una oposición dialogante y constructiva. Convendría recordarles que ese centro que representa hoy Parisi es el mismo con el que se identifican las grandes mayorías. Ese votante obligado preocupado de cuestiones prácticas de su día a día, las mismas que se jacta de defender el PDG en el Congreso. Los autos tuneados que se usaron como imagen despectiva del electorado de Parisi podrían llegar a aumentar inesperadamente si la política no le ofrece nada más a la ciudadanía. Y que eso ocurra no habrá sido solo responsabilidad del gobierno.

Por Josefina Araos, investigadora del IES

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