“La casa de humo”



SEÑOR DIRECTOR:

En su columna del sábado 30 de julio, Diana Aurenque se une a metáforas de la Constitución como la casa que un país habita. Nos advierte que rechazar el nuevo diseño propuesto puede conducir a permanecer en una casa siniestra, embrujada y llena de humo.

Lo que no toca la columnista es que muchos de quienes rechazan no discrepan ni de la necesidad de renovar ni tampoco de gran parte de las propuestas. Es más, no dudan en avanzar con modificaciones mayores al inmueble; con cabida para tantos que estaban incómodos, con preocupación por el especial cuidado del jardín.

El problema surge del diseño propuesto. Por cierto, habrá que realizar una que otra modificación al plano original, para optimizarlo. Nada nuevo por ahí. Pero el diseño de esta casa encierra un peligro: el sistema político propuesto expone a sus habitantes a que, una vez firmado el contrato de construcción, las normas de convivencia se concentren en unos pocos ocupantes quienes, sin real contrapeso, impongan (¿desde la cocina?) sus particulares reglas. Incluso, que progresivamente se hagan de un mayor poder, subyugando a todos a seguirlas. Hay en el barrio casas en el estilo; millones de sus habitantes penosamente las han abandonado en busca de una que ofrezca esperanza de mejor vida, sino a ellos, al menos a sus hijos.

Samuel Pantoja C.

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