La economía post pandemia: más que crisis financiera, una crisis estructural

GENTE CAMINANDO

Germán Polanco, economista, empresario y autor del libro, “Humanizando la Economía: El camino para que Chile alcance el Desarrollo”



Hoy el mundo está enfocado en solo dos ámbitos: salud y economía.

No queda claro eso sí, a la luz de muchas de las políticas que se han implementado y de aquellas que no se han hecho aún para contener esta pandemia, que sepamos a ciencia cierta, cuál prima entre ambas.

Quien sí lo tiene claro, es el ciudadano de la calle que entiende que, por sobre todo, hay que proteger la salud de la gente y así lo hemos visto incluso, con las duras medidas de confinamiento, que al menos en nuestro país han venido solicitando.

Queda claro entonces que primero hay que salvar al mundo y no a la economía.

Consciente entonces que la única labor de los gobiernos hoy debería ser velar por la salud de sus habitantes, me gustaría hacer un adelanto de lo que, en mi opinión, será la economía chilena y quizás mundial post pandemia, aún arriesgándome a todo aquello que sucede cuando uno trata de adelantarse a los hechos, pues lo más normal en estos casos de incertidumbre, es que los economistas no hagan predicciones, sino que expliquen lo que la teoría o los modelos matemáticos dicen que debería ocurrir y luego, salir a explicar porque lo que se previó no se produjo.

En el libro “Humanizando la Economía” (de reciente publicación) en el cual me atreví a anticipar la crisis social que se produjo en Octubre del 2019 en Chile, la razón fue bien clara: nuestras autoridades (incluido los parlamentarios) no habían sabido o no habían querido leer las claras señales que la sociedad nos estaba enviando desde hacía tiempo.

Ya hemos escuchado comparaciones respecto que esta pandemia producirá una recesión inminente; que será tan grave como la crisis subprime de 2008; o que incluso que será peor.

Hoy, las señales que muestra el mercado van más allá del ámbito netamente económico y ellas no dan tranquilidad. En nuestro país, por ejemplo, aún están pendientes las demandas sociales que trajeron el caos a Chile a finales del año pasado, algo que la población no ha olvidado sino solo ha dejado “en la carpeta de pendientes”, únicamente por miedo a su propia salud, pero son demandas y protestas que, superado este impasse, volverán sin duda. Esto en primer lugar, porque la gente ya habrá tenido tiempo para darse cuenta que un plebiscito, independiente de que la constitución de nuestro país requiera o no reformas, no les solucionará problemas de salud, pensiones, educación y seguridad, las que solo pueden cambiarse con leyes, y segundo, porque crecerá la molestia con los parlamentarios por cómo se apropiaron la potencial solución, de algo de los que son unos de los principales responsables con el beneplácito de las autoridades, ocultando a la mayoría de la población lo señalado en orden que las soluciones sociales no requieren plebiscito, sino de leyes nos pasará la cuenta a todos. Seguimos “chuteando” la pelota para adelante y esto agregará al conflicto latente un factor duro y hasta peligroso.

Si las autoridades vuelven a cometer el error de no leer claramente lo que este confinamiento mundial está significando para los millones de personas que viven en la pobreza, que más allá del lógico temor por su salud y la de sus mayores, ven aterrados su futuro, donde “renacerán” habiéndose consumido la casi totalidad de sus ahorros, sin trabajo, con un estado abocado a solo soluciones políticas, estas protestas se harán extensivas incluso hasta en los países desarrollados.

Lo que se viene no será solo una crisis financiera y hay que ser claro en adelantarlo, será definitivamente una crisis estructural (sin que los ideólogos salten de alegría evocando teorías políticas obsoletas) y la vuelta a la normalidad tardará muchos, muchos años.

En mi opinión el mundo occidental seguirá apostando por el libre mercado, pero tendrá que replantearse con urgencia desde los sistemas productivos (ecología) hasta los sistemas financieros, donde ya se han hecho avances liberalizadores que dejarán a los gobiernos sin o con un mínimo control de los flujos.

¿Por qué será estructural la crisis?

Esta pandemia ha mostrado, por ejemplo, que aún en cuarentena podemos encargar por internet un televisor o una “play” para mejorar la estadía de mi cuarentena, el que tardará un par de días en llegar al domicilio, pero no hay quien me traiga una simple mascarilla o guantes desechables para proteger mi salud cuando vaya al supermercado a comprar; en Italia ya aplican la segregación por edades de los enfermos, porque lo ventiladores mecánicos no alcanzan para todos. Este simple ejemplo nos dice que las prioridades están mal establecidas y eso la población lo enrostrará a los líderes seriamente.

Esto ocurre con el mundo entero a frente al televisor, viendo como miles de personas mueren porque ninguna economía, incluso las más desarrolladas, había considerado un incremento en la demanda por salud. Los modelos matemáticos fallaron o es simplemente que la salud era algo secundario, lo que en nuestro país está más que demostrado. Me inclino por lo segundo. Y podemos seguir, en el tema de la educación, hoy continuamos pagando las universidades y los estudiantes confinados en sus casas recibiendo con suerte, clases on-line, y no nos damos cuenta que los “clientes” de las universidades no pueden ser los alumnos, sino que debe ser la sociedad, y como tal no puede esto continuar siendo un negocio para unos pocos aún en época de crisis. Y seguimos, ya existe una propuesta para entregar al final de este, llamémoslo “impasse” en nuestras vidas, para que un porcentaje de los fondos de pensiones sean liberados a los afiliados para hacer frente a sus bajas de ingresos, no obstante que estos ya han bajado hasta un 20%, porque el gobierno ha sido siempre un mero espectador y poco ha hecho en 35 años, para asegurar en monto real y seguro de las pensiones de los millones de trabajadores del país.

Hechos como estos no solo en Chile sino en el mundo, se volverán definitivamente en contra nuestro actual sistema, la gente exigirá las prioridades lógicas para soportar este tipo de problemas y muchos otros asociados que vendrán por los vaivenes de las economías, cualquiera sea su origen. Esto llevará a replantearse derechamente las estructuras de sustentación de los sistemas económicos y sus sociedades.

Cambiarán las estructuras de producción, se exigirá de forma urgente la estricta protección del medio ambiente, donde entre memes y videos hemos visto a la fauna querer volver a compartir con nosotros algo que también es de ellos y que nosotros se los estamos quitando en forma sistemática.

Ya no estaremos dispuestos a aceptar que familias tengan que hacer un bingo para comprar los remedios para que su hijo no se muera o que se atienda a los pobres en los pasillos, porque el dinero para salud no alcanza o ha sido “invertido” en una carretera nueva o porque hay que financiar un parlamento que nadie respeta. Después de esto, muchos habrán visto que sus seres queridos, independiente de su condición económica, murieron o estuvieron al borde de hacerlo porque el estado distribuyó políticamente los recursos.

Esta pandemia, en mi opinión, traerá un cambio de conciencia respecto del ritmo de vida y metas que hoy tenemos. Habrá quiebras no solo por la crisis financiera (serán las primeras), pero también vendrán quiebras y más fuertes, por el cambio estructural que nuestros sistemas tendrán que hacer. Deberemos apuntar por menor crecimiento y mayor reparto, donde los grandes conglomerados tenderán a fraccionarse y la globalización a reducirse. Algunos pensarán en una vuelta al pasado, algo de ello será.

Esto debemos ya empezar a pensarlo.

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