La importancia de aterrizar bien las expectativas



Los difíciles días por los que atraviesa el país obligan a un especial cuidado en la forma como la autoridad aterriza las expectativas en la ciudadanía, de tal manera de evitar frustraciones por promesas incumplidas o erosionar aún más la debilitada confianza en las instituciones. Pese a lo evidente de esta regla, recientemente se han dado una serie de señales que van en el sentido opuesto.

Un caso evidente fue dar la impresión de que lo peor de la pandemia ya había ocurrido, y que era factible entrar en una fase de regreso a la normalidad, lo que envió una señal muy equívoca, precipitando un cierto relajo en la población. Es evidente que cuando los números de contagiados están alcanzando niveles muy elevados, en muchos se produjo perplejidad y desconfianza ante una expectativa frustrada.

El mismo error parece estar repitiéndose con los créditos de emergencia con garantía estatal que se aprobaron vía ley para ir en ayuda de las pequeñas y medianas empresas (“Créditos Covid”), ya que el gobierno, a través del Ministerio de Economía, ha intentado dar la impresión de que se trata de préstamos disponibles a todo evento, y que ahora sería responsabilidad de la banca si ello no se produce. Con dicho predicamento, la autoridad pasa por alto que fue el propio gobierno el que decidió establecer en esta ley una serie de requisitos y condiciones para el otorgamiento de dichos préstamos, entre ellos altos deducibles, justamente como una manera de acotar los riesgos -pues se trata de créditos que hay que recuperar, donde a la larga están comprometidos recursos de los propios ahorrantes así como de los contribuyentes- y canalizar las ayudas hacia aquellos proyectos con mayor grado de viabilidad.

La banca no podrá apartarse de los marcos que la propia normativa le ha fijado en cuanto a riesgos -lo último que necesitaría el país es añadir una crisis financiera-, pero la autoridad, desconociendo lo que ella misma buscó con la norma, está intentando crear una expectativa que no se ajusta a la realidad, lo que no resulta responsable de cara a la ciudadanía.

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