Más votos, menos vetos



SEÑOR DIRECTOR:

Habilitar un nuevo tiempo constituyente exige una reforma constitucional. Luego, el Congreso Nacional, como legislador, y el Ejecutivo, como colegislador, tienen un rol necesario e insustituible, incompatible con vetos y exclusiones. Por su parte, el mecanismo debe asegurar la legitimidad del proceso y la capacidad de conducir los conflictos de nuestra sociedad.

En primer lugar, la habilitación debe lograr que la propuesta constitucional sea política, técnica y socialmente legítima. En ese marco, incluir a expertos que propongan y a representantes electos que dispongan, va en el sentido correcto; sin embargo, falta un tercer pilar: la ciudadanía.

Chile21 ha propuesto un mecanismo tripartito y paritario compuesto por una asamblea representativa con miembros electos, que delibera sobre alternativas propuestas por una comisión de expertos nombrados por las universidades, con el acompañamiento consultivo de una asamblea ciudadana seleccionada aleatoriamente, en la línea de otorgarle legitimidad al proceso a través de la representación política, calidad de las normas por el conocimiento científico-técnico de los expertos, y calidad de la deliberación gracias al juicio ciudadano.

Más allá de la propuesta, importa incorporar el tercer pilar de la participación ciudadana para una mayor cercanía, incidencia, adhesión y afecto del proceso y la propuesta constitucional.

En segundo lugar, la habilitación debe permitir que la deliberación constitucional proponga dispositivos para procesar democráticamente los desafíos de nuestra sociedad. Esto es compatible con establecer márgenes a la hoja en blanco, como lo fue, en su momento, respetar el carácter de República del Estado de Chile, su régimen democrático, las sentencias judiciales firmes y ejecutoriadas, y los tratados internacionales ratificados por Chile y vigentes. Asimismo, es compatible con fijar mínimos comunes constitucionales que, contando con más de 2/3 de los convencionales, tienen también la adhesión del Congreso, como lo sería, por ejemplo, un Estado social y democrático de derecho.

Sin embargo, no resulta compatible con imponer determinados contenidos constitucionales que fueron minoritarios en la Convención Constitucional, clausurando anticipadamente debates abiertos en nuestra sociedad, so pretexto de contar con principios, bordes o líneas rojas.

Los problemas de la democracia se resuelven con más democracia, no con menos; con votos, no con vetos. Lo contrario atenta contra el desafío de dotarnos de un texto constitucional legítimo, que nos permita construir el Chile que soñamos.

José Roa

Director Ejecutivo

Fundación Chile21

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