Momento de definiciones frente al IFE y el cuarto retiro

Sería deseable que lo antes posible se logre un acuerdo sobre la extensión del IFE. Oponerse al cuarto retiro será también la oportunidad para medir el liderazgo de las distintas candidaturas presidenciales.



No puede ignorarse el conjunto de razones que apuntan a que el Fisco va a estar fuertemente presionado en sus finanzas en los años que vienen. La pandemia tuvo un grave impacto en el empleo, que solo se ha recuperado muy parcialmente hasta la fecha, y que probablemente persistirá en el tiempo dadas las nuevas formas de trabajo que la emergencia puso en uso. Igualmente importante es que el mecanismo normal de provisión de nuevos puestos de trabajo, que es la inversión productiva, va a estar afectado por la incertidumbre política, cuando el país tiene por delante la cercana renovación de autoridades en el Ejecutivo y el Legislativo y un largo período de definición de nuevas reglas constitucionales y de adaptación a las mismas.

Todo esto en un escenario externo que, desde la rápida recuperación actual, va a transitar hacia un escenario de menor crecimiento y retiro de estímulos monetarios que limitará nuestras propias posibilidades de generar actividad y empleo. Una actitud responsable, entonces, llevaría a limitar los apoyos fiscales a los realmente requeridos por sectores de pobreza o por quienes siguen desocupados o severamente limitados por las restricciones sanitarias.

En estas circunstancias, debe evitarse que los términos en que vaya a darse la extensión del IFE, ya anunciada por el Ejecutivo -y que ha sido formalmente solicitada por parlamentarios así como por las directivas de Chile Vamos- reflejen las necesidades de posicionamiento de quienes van a estar postulando a cargos de elección popular más que un real compromiso de largo plazo con el interés ciudadano. El Ejecutivo y los liderazgos parlamentarios tienen una responsabilidad en lograr que el manejo fiscal vaya encaminándose desde ya a posiciones sustentables.

Para permitir que la discusión del IFE dé suficiente espacio a consideraciones de largo plazo, probablemente sea conveniente adelantarla, acordando desde ya cursos de acción razonables, debidamente orientados a priorizar el apoyo a los más necesitados, y en magnitudes definidas en función de parámetros referidos a la evolución de la economía y de la situación sanitaria. Esto supone un gran acuerdo entre las distintas fuerzas políticas, que logre equilibrar los distintos intereses que están en juego, manteniendo el principio de que el IFE debe entenderse como una ayuda temporal, y no como una política permanente, pues para eso existen otros instrumentos de política social. No sería conveniente que esta discusión tenga lugar justo cuando el clima electoral esté en su punto más álgido -el IFE está garantizado por ley hasta septiembre-, porque probablemente ello hará aún más complejas las negociaciones, pudiendo dar pie a más pulsiones populistas.

En paralelo a este debate, una vez más se discuten proyectos de ley para autorizar un nuevo retiro de fondos previsionales. Desde luego, es una medida ineficiente para llegar a quienes puedan tener mayores necesidades, dado que gran parte de éstos ya no tienen recursos previsionales. Más allá de eso, la evidencia muestra que en una alta proporción los retiros anteriores fueron a financiar consumos claramente postergables o, directamente, ahorros, lo que indica que podrían haber sido evitados.

Lo grave es que el retiro de estos recursos determinará que el Fisco va a tener que sustituirlos, al menos parcialmente, en el futuro, con consecuencias negativas para las pensiones y para la capacidad de enfrentar otras demandas con recursos públicos. En este orden de cosas, resulta fundamental las señales que las distintas candidaturas presidenciales entregarán respecto de este punto, en particular respecto del liderazgo que puedan ejercer sobre sus propias fuerzas parlamentarias, para ordenarlas en torno a una postura. En ese sentido, es una señal valiosa que el candidato presidencial de Chile Vamos haya salido a enfrentar el populismo de los parlamentarios de su sector que vuelven a estar disponibles a discutir un nuevo retiro, un mensaje que, como era previsible, no cayó bien en varios diputados oficialistas.

También cabría esperar definiciones más claras del diputado Gabriel Boric, abanderado del Frente Amplio. Si bien el parlamentario había sido categórico hace algunas semanas en cuanto a que no apoyaría un nuevo retiro mientras exista un IFE, aliados suyos han señalado por estos días que ahora sí estaría dispuesto a votar favorablemente un cuarto rescate. Es importante que el candidato despeje las dudas, y si mantiene su negativa, logre alinear a sus parlamentarios.

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