Necesidad de revisión de la estrategia “paso a paso”

Los episodios de “rebeldía” en Punta Arenas sugieren que la autoridad debe pensar en nuevas estrategias para la contención de la pandemia, porque las medidas tradicionales están perdiendo efectividad.



El episodio que se vivió hace unos días en Punta Arenas, donde un grupo de empresarios gastronómicos decidió desafiar las restricciones sanitarias y atendió público en las veredas -contando con el pleno respaldo del alcalde, quien incluso ofreció asesoría jurídica a los locales que fueran sumariados-, ilustra bien las tensiones que se están produciendo a raíz de la necesidad de contener por un lado la propagación del virus, y por otro lado la exigencia de adaptar las medidas sanitarias a la realidad local, tomando en cuenta que ya no parece haber la misma disposición que existía al principio de la pandemia para seguir sujetándose a estrictas medidas de confinamiento.

En el caso de Punta Arenas, la ciudad llevaba más de 100 días de cuarentena cuando se desataron estos hechos, y el acto de “rebeldía” buscaba justamente visibilizar el profundo impacto que han tenido para esta actividad las prolongadas medidas de restricción, apelando a la autoridad para que se pudieran flexibilizar. De hecho así ocurrió, pues Magallanes pasó abruptamente a Fase 2, decisión que probablemente estuvo motivada por estos actos de presión.

Es un hecho que las autoridades locales tienen una visión mucho más cercana de lo que ocurre en sus zonas, y estos acontecimientos han dejado a la vista que el impacto de la pandemia ha sido muy disímil, lo que exige un trabajo mucho más prolijo de coordinación entre las autoridades regionales y nacionales con los estamentos locales, para anticipar conflictos y diseñar medidas más focalizadas. También confirman que las extensas cuarentenas y confinamientos no resultan inocuos para la población, provocando un agotamiento que no debe ser desatendido.

Con todo, no es posible soslayar que en el caso de Punta Arenas también ha tenido lugar un abierto desacato de la normativa sanitaria, y aún más delicado resulta que el propio municipio se tome atribuciones que no posee y propicie el menoscabo de la autoridad sanitaria. No cabe validar la señal de que aun por legítima que resulte una causa, discrecionalmente se puedan pasar por alto leyes o instructivos de carácter nacional, porque entonces se produciría una situación caótica en el país, y desde luego para el caso de la pandemia tal predicamento arriesga con erosionar el conjunto de la estrategia sanitaria.

No es difícil advertir, en todo caso, que probablemente lo que subyace de fondo a lo ocurrido en Magallanes tiene que ver con que las medidas tradicionales de control están perdiendo efectividad, constituyendo un potente llamado de atención a la autoridad, que ahora debe meditar muy bien las medidas que se aplicarán en las semanas que siguen. La inminencia del verano hace muy difícil que la población esté dispuesta a continuar confinada, y por ello es evidente que se requerirá un cambio de estrategia. Entre otros aspectos, cabría apuntar a un plan “paso a paso” modificado, donde más que seguir en la lógica de ir saltando en fases, debería apuntar a recoger mejor la realidad local y diseñar fases con un conjunto de actividades que la población pueda realizar en forma segura y que faciliten su adhesión. No se entiende, por ejemplo, que en la actual Fase 2 se pueda ir al mall de lunes a viernes, pero no se pueda hacer deportes al aire libre o pasear en parques y plazas durante los fines de semana

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