Opinión

Orden y patria

Carabineros. Jonnathan Oyarzun/Aton Chile JONNATHAN OYARZUN/ATON CHILE

Esta semana se cumplieron noventa y nueve años desde la fundación de Carabineros de Chile. No fue un aniversario trivial, no solo porque la institución camina hacia su primer siglo de vida, sino porque es el primero después de concluido el gobierno que tuvo como objetivo terminar con su existencia, pues los dirigentes del Frente Amplio y el Partido Comunista -Presidente Boric incluido- los denunciaban como una policía que violaba prácticamente por doctrina los derechos humanos, razón por la que debía ser refundada.

El texto constitucional que la Convención propuso al país, siempre debiéramos recordarlo, eliminaba toda mención a Carabineros, se refería genéricamente a la existencia de policías a las que daba el carácter de “no militares”, en una alusión obvia a la disciplina que conforma la esencia cultural de Carabineros, al mismo tiempo que les daba el carácter de policías con “perspectiva de género” y les imponía el deber de promover “la paridad en los espacios de toma de decisión”.

Todo muy congruente con las denuncias que, solo pocos meses antes, hacían de la existencia de “centros de tortura” en estaciones del Metro, de la reivindicación de la violencia en su contra y de ese elegante verso, claramente sin paridad de género, con el que insultaban a las carabineras y que no es necesario repetir, pero que será siempre inolvidable.

Ahora, devenido en expresidente, Gabriel Boric asiste a la ceremonia de celebración de la policía que sobrevivió a su proyecto de constitución y a su gobierno. Lo más sorprendente, es que lo hace con una actitud que parece expresar sincero reconocimiento, gesto que denota elementos muy profundos de las razones por las que fracasó el proyecto refundacional de la extrema izquierda y de la resiliencia de nuestra policía uniformada.

A diferencia de otras naciones latinoamericanas, Chile adquirió su identidad cultural sobre el valor del orden, del respeto a la ley y de la autoridad presidencial. El hecho de ser una policía que adopta la disciplina militar, cuyos integrantes provienen auténticamente de nuestros sectores populares y de la clase media, que aspira al reconocimiento del profesionalismo que se confiere a las Fuerzas Armadas por su origen y formación, le ha dotado de una identidad plenamente insertada en uno de los pilares centrales del ethos de nuestro país.

Esa es también una de las razones por las que el proyecto revolucionario de la izquierda latinoamericana nunca ha podido tener éxito en Chile. No lo tuvo en su versión de la Guerra Fría en el siglo pasado, ni tampoco en su reciente modalidad woke. Esa identificación con el orden, con el sentido de autoridad y los símbolos de unidad del país, que encarnan los carabineros en la calle y que se proyecta en la sobriedad y pulcritud de cada cuartel, es probablemente lo que los convierte en blanco predilecto de cualquier desvarío refundacional.

Ha sido un buen aniversario para aquellos que viven bajo el lema “orden y patria” y que atribuyen a la ley la condición de ser espejo de su honor.

Por Gonzalo Cordero, abogado

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Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.

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