Opinión

Para que me invitan si saben cómo me pongo

Foto: Aton. RAUL ZAMORA/ATON CHILE

Iván Poduje no es un invento de los medios ni un hallazgo atribuible a la creatividad del headhunting político. Por el contrario, quién en pocas semanas más jurará como ministro de vivienda, lleva más de una década construyendo un perfil público con el cual granjearse un espacio en el poder, cuestión que ha buscado por vía ejecutiva -con Lagos, Piñera y Kast- y por vía electoral.

Por lo mismo, las luces que ha puesto sobre sí en sus primeras actuaciones como ministro en ciernes, ya sea poniéndose metas y plazos perentorios -avisando con pachorra que lo hace aunque en la Oficina del Presidente Electo (OPE) le advirtieron que no lo hiciera-; o cuando apunta a quiénes “le dan más importancia a los árboles que a las personas”, no deberían ser interpretadas como arranques de entusiasmo. Son más bien la continuidad de una estrategia de posicionamiento de quién parece verse a sí mismo como figura con un “destino manifiesto” de grandeza.

Al futuro ministro la invitación de José Antonio Kast no le llegó en sueños, sino que lo pilló trabajando. O “tuiteando”, si queremos ser más precisos. Porque si hay un espacio en donde se despliegan con preponderancia los talentos del urbanista es el de las redes sociales. Es ahí donde con esmero ha construido un personaje que, en un principio, vinculó principalmente al saber técnico, pero que fue moviéndose con la ola de los tiempos hacia el polemista con talento, instinto y asesoría profesional para ser impulsado por los algoritmos.

Por lo mismo, a Poduje no le sirve el molde del gobierno de emergencia. Al menos no en su variante no confrontacional. Para alguien que recibe su nominación no como estación terminal sino como un peldaño más hacia un destino inherente, no basta con saber hacer las cosas o hacerlas bien. Su larga carrera en los espacios de mayor polaridad en el debate público le ha enseñado que, en la nueva comunicación política, sin tensión no hay atención. Y él quiere atención.

Por o mismo, que un grupo de académicos firme una carta criticando el reduccionismo o incluso la falta de humanidad del futuro ministro, o que la actual ministra de medio ambiente recoja el guante y salga a confrontarlo, no hacen más que darle la razón a Poduje: la vía para sobrevivir en un entorno que no le es propio es la de distinguirse. Y para eso, la legitimidad tecnocrática no alcanza. Se requiere del timbre que solo se consigue por la vía de tener los adversarios correctos.

Porque ni la lealtad militante ni su círculo de amistades lo trajo a este lugar, sino su lista de enemistades, que comparte con quiénes se sienten fundadores del movimiento que catapultó a la nueva derecha al poder. Por lo mismo, tal vez sea más razonable buscar en el futuro Minvu el espacio dónde se despliegue la batalla cultural desde el día cero, y no en lugares más evidentes como podría ser el Ministerio de la Mujer.

Resta por ver si esta condición termina siendo afín al diseño del presiente electo o se asoma a corto andar como una piedra en el zapato. De esas que son difíciles de remover cuando ya se está en marcha.

Por Camilo Feres, Director de Estudios Sociales y Políticos de Azerta.

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