Pasajeros varados por cierre de fronteras

Pasajeros chilenos esperan en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, en Ciudad de México, el viernes.

Los estados deben avanzar hacia el diseño de protocolos globales para facilitar la repatriación en situaciones de emergencia, para así evitar dramas humanitarios.



El cierre de fronteras a lo largo de todo el mundo y la cancelación de vuelos a raíz de la pandemia del Covid-19 han ocasionado graves trastornos, obligando a improvisar soluciones para lograr que una innumerable cantidad de viajeros logren retornar a sus países de origen, lo que ha dejado al descubierto la inexistencia de protocolos o reglas internacionales para lidiar adecuadamente con situaciones como éstas. En redes sociales abundan los testimonios de personas en el extranjero viviendo en precarias condiciones ante la imposibilidad de retornar, lo que a estas alturas se ha vuelto una cuestión de orden humanitario.

Ante la expansión descontrolada del virus, era inevitable que los países optaran por blindar sus fronteras y pusieran en cuarentena a vastas porciones de la población, único camino posible para intentar contener la pandemia ante la inexistencia de vacunas. Al no haber precedentes de cómo lidiar con emergencias de esta magnitud, es inevitable que habrá que ir ensayando fórmulas y muchos errores se cometerán en este largo camino que se avecina. Esta crisis debería servir por lo tanto como un importante laboratorio para el diseño de políticas de alcance global, tanto para el manejo de pandemias así como para asegurar las cadenas logísticas.

Solo en 2018 -conforme estadísticas de la IATA- volaron alrededor del mundo más de cuatro mil millones de pasajeros, lo que permite dimensionar los efectos que puede tener el abrupto cierre de fronteras o la imposibilidad de continuar con los vuelos. Aun cuando es materialmente imposible procurar soluciones a cada uno de los casos particulares, parece indispensable que la comunidad internacional acuerde estándares tal que en situaciones excepcionales la mayoría logre retornar a sus hogares y evite masivos cuadros de varamiento de pasajeros, o si ello no es posible, se provean fondos para manutención básica. Es previsible que si esta condición se prolonga por semanas -tal como parece estar ocurriendo en la actualidad- derivará en situaciones muy complejas para quienes las padecen, pudiendo vulnerar garantías fundamentales. Al ser situaciones excepcionales que exceden la voluntad de las personas, cabe a los estados idear formas para minimizar sus efectos, algo que también debe involucrar más activamente a las aerolíneas.

Chile también ha tenido que lidiar con estas situaciones, tanto en el caso de connacionales que no pueden retornar, como extranjeros que han quedado varados en territorio chileno porque sus respectivos países han cerrado fronteras. Los esfuerzos desplegados por la Cancillería han sido valiosos, con un total de 40 mil retornados desde el 18 de marzo. Aún quedan numerosas personas a la espera de una solución, la que debe ser agilizada dentro lo posible.

A nivel latinoamericano cabe aprovechar instancias como la Alianza del Pacífico, Prosur y otras para lograr mejores coordinaciones entre los países. Los cierres de fronteras deben considerar las debidas excepciones para facilitar durante algún período viajes humanitarios que permitan una repatriación más expedita -los retornados bien pueden ser objeto de cuarentenas-, y así evitar la ocurrencia de situaciones dramáticas.

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