Opinión

Polémico plebiscito en Instituto Nacional


El plebiscito al que fueron convocados los distintos estamentos del Instituto Nacional para definir si mantenerlo como un colegio solo de hombres, o bien transformarlo en un establecimiento mixto, resolvió por un 54% continuar bajo su forma actual, decisión que ha abierto una intensa controversia. El resultado fue desde luego sorpresivo, porque tratándose de un colegio que ha abrazado diversas banderas del movimiento estudiantil, muchos dieron por descontado que la opción “Sí” ganaría fácilmente. Al margen de ello, el episodio revela una vez más los riesgos del asambleísmo, al delegar las políticas públicas a mayorías transitorias o a segmentos con mayor capacidad de movilización, que no necesariamente representan el interés general.

Aun cuando el plebiscito fue acordado por los propios estamentos del Instituto Nacional, y para ello se diseñó un detallado cronograma a fin de debatir el mérito de cada una de las opciones en juego, resulta discutible que dicho resultado adquiera un carácter vinculante, y que la autoridad renuncie a fijar las políticas de largo plazo. Inexplicablemente se ha sentado un negativo precedente, ya que otros establecimientos públicos también podrían reclamar su derecho a autodeterminarse por la vía de consultas populares. Ello no implica dejar de valorar que las comunidades se involucren en las decisiones que las atañen y que sus puntos de vista se hagan valer, pero algo enteramente distinto es que las políticas públicas terminen siendo definidas por grupos de interés o según el parecer de mayorías circunstanciales, por legítimas que éstas puedan ser.

Al ser el Instituto Nacional parte de la red de colegios públicos, es la autoridad la llamada a resolver el carácter de las instituciones a su cargo; de allí que cause extrañeza la pasividad de la Municipalidad de Santiago -en su carácter de sostenedor-, así como del Ministerio de Educación en haber consentido un proceso de esta naturaleza, renunciando a abrir una discusión general que entregue criterios y orientaciones para toda la red pública, considerando que existen varios liceos que no son mixtos. En este caso específico, se ha abierto una grieta profunda entre la comunidad estudiantil del Instituto Nacional, donde la parte derrotada con seguridad buscará reabrir el tema recurrentemente.

Aun cuando el grueso de los colegios en el país ha derivado en los últimos años hacia modelos mixtos -solo el 4% de los establecimientos sigue en un régimen no mixto-, y existe evidencia que apoya las ventajas de la composición plural, los colegios no mixtos continúan siendo una opción atractiva para numerosas familias -los padres y apoderados del Instituto Nacional se inclinaron, de hecho, por mantenerlo como recinto de hombres-, ya sea por razones de tradición académica o bien por tratarse de instituciones religiosas que privilegian determinados carismas. Ello no debe ser visto como una anomalía sino como parte de una sana diversidad, sin perjuicio de que es legítimo que tras un análisis de todas las variables en juego, una política pública determine que resulte preferible que los colegios que dependen del Estado sean mixtos a largo plazo.

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