Policy first, politics last
Tony Blair dice “the center is where you put policy first and politics last”. Una traducción posible es: el centro es poner las políticas públicas primero y la política partidista al final. Mi idea es rescatar una regla básica de buen gobierno: antes de fijar una posición política, hay que mirar los datos. Puede haber diálogo entre politics y policy, por cierto. Pero cuando la política partidista avasalla el análisis de política pública, el riesgo es terminar con diagnósticos cómodos pero malas soluciones.
La idea de que toda la desaceleración chilena se explica por la reforma tributaria de 2014 es un ejemplo de ese problema. La conclusión política —deshacer esa reforma— se transforma en punto de partida del diagnóstico económico. Es decir, al revés de Blair, politics come first, policy last.
Ya es vox populi que Chile necesita volver a crecer. La pregunta relevante es qué hacer, y su respuesta requiere fundamentos sólidos. La denominada “megarreforma” no contiene ideas radicalmente nuevas para elevar el crecimiento, sino que este sería consecuencia, principalmente, de revertir la reforma tributaria.
Aunque esa reforma pudo tener efectos, está lejos de ser la única —y, en una de esas, tampoco la principal— explicación del menor crecimiento posterior. La evidencia disponible del Banco Central, la CNEP y estudios recientes apuntan a una historia más compleja, donde interactúan inversión, productividad, excesos regulatorios, cambios demográficos y funcionamiento del mercado laboral.
Si la inversión fuera toda la historia, sería difícil explicar que la tasa de inversión en 2025 sea 2% más alta que en los años 2000 que tenía crecimiento mayor. Ese dato no resuelve el debate, pero sí obliga a mirar más allá. La pregunta clave es qué pasó con la productividad.
Quiero agregar una dimensión adicional a este debate: la relación entre salario mínimo y salario mediano. En Chile, ese cuociente es muy alto. Dependiendo de la fuente, el salario mínimo se ubica entre 0,70 y 0,82 veces el salario mediano. En Francia, uno de los países del G7 donde esa relación es más elevada, está cerca de 0,63.
El punto no es simplemente que el salario mínimo haya subido mucho, sino que el salario mediano se ha estancado relativamente. Cuando el salario mínimo se acerca demasiado al mediano, hay una señal de baja productividad en el empleo del trabajador mediano. Esto revela un mercado laboral con demasiada rotación, poca acumulación de experiencia, baja capacitación y empresas demasiado pequeñas para sostener trayectorias de productividad y salarios más altos.
Volver a crecer exige más que identificar un culpable políticamente conveniente. Exige entender por qué el trabajador mediano produce, aprende y progresa poco. Sin más productividad, el crecimiento seguirá siendo una aspiración.
Esa agenda es más difícil que deshacer una reforma. Si queremos volver a crecer, hay que poner “policy first, politics last”.
Por Guillermo Larraín, FEN Universidad de Chile
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